Tipo de Publicación: Otras Investigaciones

Recibido: 29/07/2021

Aceptado: 10/12/2021

Autor: Jesús María Sánchez

Investigador histórico

Profesor, Locutor

Academia de la Historia del estado Miranda

 Miranda – Venezuela

 

Co-Autor: Heyka Olivares

Lcda. en Psicología (UCAB)

Lcda. En Educación (UCV)

Postgrado Relaciones Industriales (UCAB)

Miranda – Venezuela

*      https://orcid.org/0000-0003-3384-0113

Email: olivaresheyka@gmail.com

 

HISTORIA MENUDA. DIVULGANDO TRADICIONES Y VALORES DE LA SOCIEDAD VENEZOLANA

Resumen

Continuando con esta serie de historias producto de investigaciones de diversas temáticas de la cultura general, historia, floklore y personajes populares, entre otros; contribuimos con la divulgación de tradiciones autóctonas y valores de la sociedad venezolana. Una vez más los invitamos a transitar por cada una de ellas y discurrir para saborear las vivencias de la historia cultural del país, imbuidos en acontecimientos y hechos que pertenecen al pasado dignos de memoria y que forman parte del génesis hasta el momento presente.

Palabras Clave: Historia menuda,  tradiciones, valores, sociedad.

 

SMALL STORY. DISCLOSING TRADITIONS AND VALUES OF VENEZUELAN SOCIETY

Abstract

Continuing with this series of stories product of investigations of diverse themes of the general culture, history, floklore and popular characters, among others; We contribute to the dissemination of indigenous traditions and values of Venezuelan society. Once again we invite you to walk through each one of them and go to savor the experiences of the cultural history of the country, imbued in events and events that belong to the past worthy of memory and that are part of the genesis up to the present moment.

Keywords: Small history, traditions, values, society.

 

 


Introducción

En este discurrir de mi memoria continúo divulgando la historia como siempre, de una manera sencilla y jovial que resulte atractiva al lector interesado en ella.

Así mismo, según Granados (2011): “La recuperación de la historia menuda nos da claves que tal vez habíamos dejado pasar”, por tal razón  la investigación histórica, cultural, floklórica, deportiva, anecdótica, científica, educativa, valores humanos, entre otros tópicos del conocimiento venezolano, la eternizo para trascender placenteramente al lector.

Disfrutenla como lo hago yo al escribir este anecdotario de historias menudas abandonadas durante cierto tiempo recuperándolas para continuar resaltando tradiciones y valores de la sociedad venezolana.

Historia Menuda XI

Documentos depositados en el pedestal de la estatua del Libertador

El lugar donde se encuentra  la plaza Bolívar de Caracas con su monumental estatua, se conoció antes de rendírsele ese homenaje al Libertador, como Plaza Pública, Plaza Mayor, de Armas, Plaza Vieja, Plaza Real, Plaza Nueva, de la Reunión, de la Constitución, de la Catedral, del Mercado. Entre los muchos hechos allí escenificados de acuerdo a lo señalado por Carlos Eduardo Misle, mejor conocido como Caremis, se encuentran entre otros, la llegada allí de Juan Francisco de León y sus seguidores en la histórica protesta contra la Compañía Güipuzcoana en 1749, la ejecución del mártir José María España en 1799 y lugar donde se quemó la efigie de Francisco de Miranda en 1806. La estatua ecuestre que se encuentra en el centro de la plaza, es una réplica de la colocada en la ciudad de Lima, Perú,  obra del escultor italiano Adamo Tadolini. Sobre este interesante tema el cronista Misle en su obra Plaza Bolívar corazón de la patria, señala:

La estatua de Lima, como la de Caracas, se hizo fundir en Munich, según el modelo ejecutado en Roma, y bajo la dirección del Ferdinand Müller, quien comisionó a su hijo Federico, profesor de la Real Academia de Artes e Industrias de Múnich para que viniera a Caracas a dirigir los trabajos de instalación del monumento (s/p).

Se sabe que la embarcación Thora que traía las cajas con las partes de la estatua, naufragó cerca de Los Roques, creyéndose que se había perdido la estatua, la cual fue salvada y traída a Caracas, no pudiendo ser inaugurada el día 28 de octubre de 1874 fecha dedicada a San Simón, sino el 7 de noviembre de ese mismo año, con la programación que ya se había confeccionado; el acto inaugural estuvo a cargo del  presidente Antonio Guzmán Blanco, quien pronunció las palabras de rigor. Para que la plaza y la colocación del monumento se hiciera una realidad, del espacio fue eliminado el mercado, el cual se ubicó en San Jacinto y se derribó la arquería que rodeaba el lugar que habían sido construidas durante la administración del Capitán General Felipe Ricardos cuando corría el año de 1755.

El 11 de octubre de 1874, en el pedestal donde se colocaría la estatua ecuestre de Simón Bolívar, el presidente Guzmán en presencia de su esposa Ana Teresa Ibarra de Guzmán, su padre Antonio Leocadio Guzmán, ministros, el gobernador de Caracas, el secretario de gobierno, el cuerpo diplomático acreditado en el país, procedió a colocar en el pedestal la caja donde se encontraban documentos como el acta de colocación de la primera piedra firmada por el presidente, el gobernador del Distrito Federal, los ministros, los miembros de la Compañía de Crédito, el cuerpo diplomático, una copia del decreto de erección del monumento de fecha 18 de noviembre de 1872, monedas nacionales de plata que circulaban para la época tales como: el fuerte o venezolano, piezas de 50, 20, 10 y 5 céntimos; también se colocaron una medalla del busto del Libertador, la medalla conmemorativa de la erección de la estatua, dos medallas del Capitolio, copia del Acta de la Independencia  del 5 de julio de 1811, la Historia y Geografía de Venezuela por Agustín Codazzi, un tomo de las leyes y decretos de los congresos de Venezuela desde 1830 a 1850, un volumen con el mensaje y documentos de la cuenta rendida por el general Guzmán Blanco en el  Congreso de 1873, el primer censo de la república de  1873, una fotografía y un retrato en litografía del Ilustre Americano, un ejemplar del diario La Opinión Nacional del 27 de abril de 1873 y otro del 28 de octubre de ese mismo año, fecha inaugural del acueducto de Macarao, un ejemplar del Diario de avisos y de la Gaceta Oficial del 10 de octubre de 1874, un plano topográfico de la ciudad de Caracas, folletos de las constituciones de 1857, 1858, 1864 y 1874, los últimos números de los 27 periódicos que entonces circulaban en Venezuela y el folleto Tres homenajes a Bolívar de Antonio Leocadio Guzmán.

El Pollo Golpeaba Fuerte

El boxeador Simón Chávez hijo de Naiguatá, nacido en el año de 1912, espacio del  Litoral Central, donde también nacieron Tacoa, quien tuvo la misión de cuidar los baños de Macuto en los años cuando Antonio Guzmán Blanco los construyó  y de  Quintín Longa, veterano nadador  quien desde los días de Juan Vicente Gómez cumplió la misión de salvavidas, tuvo una exitosa carrera durante los años que se mantuvo activo, realizando encuentros con conocidas figuras nacionales e internacionales.

Por cierto, Guzmán Blanco al lado de edificar lo famosos baños de Macuto, donde los hombres se sumergían en una parte y las mujeres en otra, construyó en ese balneario una mansión conocida como La Guzmania y el tirano Gómez, al lado de deleitarse bajo la sombra de un famoso uvero,  rodeado de su familia, ministros, amigos y adulantes, hizo construir allí el hotel Miramar, todo un acontecimiento en su época, donde llegaron figuras como Carlos Gardel cuando visitó a Venezuela.

El boxeador Chávez cumplió una interesante actividad en el deporte de las sogas y  de las narices chatas. Participó en candelosos combates en Inglaterra, Francia, Estados Unidos de Norteamérica, España, Cuba y desde luego en Venezuela donde alcanzó en 1938 el campeonato nacional peso pluma.

Cuando recordamos a este boxeador  conocido como El pollo de La Palmita, nos vienen a la memoria los nombres de Armando Best, Oscar Calles, Enrique Chaffardet, José Alberto Díaz, Sonny León, Carlos “Morocho” Hernández, Ramón Arias, Betulio González, entre otras glorias que en el ring cumplieron una interesante  jornada con los guantes. Se sabe, de acuerdo a las crónicas deportivas aparecidas en la prensa de la época, que Simón Chávez, entre los años de 1930 a 1940, combatió derrotando a figuras mundiales de los quilates del puertorriqueño Sixto Escobar, del cubano Kid Chocolate y de los norteamericanos Freddie Miller, Joe Arehibald y Peter Scaldo. Asimismo sostuvo encuentros con José Trinidad González, Phil Tobías, Carlos Flores, con el venezolano Enrique Chafardet, Eligio Sardiña, entre otras luminarias del boxeo. Esta espigada figura de los cuadriláteros nacionales e internacionales recibiría el 7 de julio de 1945,  un tremendo nocaut que le diera José Alberto Díaz, lo que contribuyó a su retiro del ring, dedicándose luego a la enseñanza de la educación física. Falleció en Caracas el 27 de enero de 1994, lamentándose de no haber peleado nunca en un campeonato mundial.

El Gran Patón

A Alejandro Carrasquel se le conoció, dentro y fuera del beisbol como El patón Carrasquel, ello por el tamaño de sus pies. Se sabe que fue el primer jugador venezolano en llegar a las Grandes Ligas, con los equipos Senadores de Washington y Medias Blancas de Chicago. Lo que muchos no saben es que fue expulsado como jugador por haber asistido a un sepelio. He aquí la historia:

Un gobernador del estado Zulia fue el encargado de esa suspensión, al saber que Alejandro “Patón” Carrasquel había asistido al entierro, en la ciudad de México, de Doña Teotiste Arocha de Gallegos, esposa del  novelista Rómulo Gallegos, derrocado por un golpe de estado encabezado por los militares Carlos Delgado Chalbaud, Marcos Pérez Jiménez y Felipe Llovera Páez en 1948 y quien, para el momento del deceso de su esposa, se encontraba exiliado en México.

El tipo que dictó la absurda medida el año de 1953 contra Carrasquel cuando se encontraba jugando con  Gavilanes de Maracaibo, se llamaba Benjamín Maldonado. Apenas pudo jugar con esa novena, 15 días, tal como se publica en el  Diccionario de Historia de la Fundación Polar.        

Cuando apenas Carrasquel tenía 18 años de edad  su nombre aparece como integrante del famoso Royal Criollos, pasando luego a los Cardenales de Lara, al Caracas, Concordia, Pastora de Maracaibo, entre otros equipos donde se destacó como lanzador de primera, se dice que fue el pitcher más brillante de su generación admirado más allá de nuestra geografía, como muy bien lo reseñan los conocedores de sus actuaciones a nivel nacional e internacional. Su debut en las mayores se produjo en el año de 1939  como ficha de los Senadores de Washington lanzando contra  los Yanquis de New York.

Jugó en Venezuela, los Estados Unidos, Cuba y México. En nuestro país, en el beisbol profesional, su nombre figuró con Cervecería Caracas, Magallanes  y Gavilanes. En declaraciones aparecidas en el diario El Nacional del 20 de junio de 1969, Alejandro “Patón” Carrasquel, quien en un juego del Magallanes contra el Vargas lanzó 17 entradas ganando su equipo Magallanes, señaló lo siguiente: 

Mi debut en las grandes ligas. Eso se supo después, pero los tres primeros bateadores que enfrenté, llegarían al Salón de la Fama. A Joe Di Maggio lo dominé con un rolling al pitcher. Era el cuarto ining y entré como relevo con tres hombres en base y dos outs. Luego en el quinto ponché a Lou Gehrig, y a Bill Dickey lo dominé con un  fly a la segunda base (s/p).

Toda una hazaña diríamos nosotros.  Alejandro “Patón” Carrasquel, gloria del deporte venezolano, murió en Caracas el 19  de agosto de 1969, había nacido en esa misma ciudad el 24 de junio de 1912.

El Hijo De Cristóbal Colon En Las Grandes Ligas

En esta breve nota no nos referiremos al histórico navegante Cristóbal Colón y su hazaña de haber encontrado otro continente y contribuido grandemente con ello a cambiar el orden de cosas existentes para la época. La llegada de Colón a lo que luego sería conocido como el continente americano, contribuirá enormemente a los cambios que la humanidad de entonces vería en los campos geográficos, económicos, políticos, sociales, lingüísticos, demográficos, religiosos, antropológicos, comerciales, científicos.

La humanidad presenció uno de los acontecimientos más extraordinario del mundo conocido de la época. El otro Cristóbal Colón que mencionaremos es el padre de Alfonso “Chico” Carrasquel, el tercer venezolano en cubrirse bajo la sombra de la carpa de las grandes ligas. El primero fue su tío Alejandro “Patón” Carrasquel, pítcher de los Senadores de Washington, siguiéndole  Jesús “Chucho” Ramos. Por cierto, en las páginas deportivas de periódicos y revistas, así como los tratados sobre la historia del beisbol venezolano, no hemos encontrado cuánto calzaba Alejandro Carrasquel  y tampoco localizamos quién le confeccionaba a mano sus zapatos y esto es así,  dado que en las zapaterías no se conseguía el número que patón calzaba. Alfonso Carrasquel era hijo del señor Cristóbal Colón y de Doña María Lourdes Carrasquel y nació en Caracas el 23 de enero de 1928, año cuando en esta ciudad se escenifican los actos programados por los estudiantes universitarios, contra Juan Vicente Gómez.

Su afición por el beisbol comenzó desde muy joven, jugando en los terrenos desocupados que se encontraban por los lados de las parroquias Candelaria y San José. Sus inicios como jugador comienzan  a perfilarse cuando ingresa a la novena que mantenía la compañía Cauchos General y desde donde salta al equipo amateur que representó a Venezuela en el campeonato de 1944.

Cuando corría el año de 1946 se le verá en el beisbol profesional, jugando en el campo corto y vistiendo el uniforme de Cervecería Caracas,  realizando magníficas atrapadas en el viejo campo de San Agustín, conocido como estadio Cervecería y donde conecta el primer jonrón del inicio de la pelota profesional. Del equipo cervecero saltará a las Grandes Ligas, concretamente a los Dodger y más tarde, al cumplir compromisos, en los mismos Estados Unidos, en triple A, pasa a los Medias Blancas de Chicago,  donde su nombre comienza brillar con luz propia, desde su debut en abril de 1950 cuando tenía 22 años de edad.

Después de una fructífera actuación con los Medias Blancas, Carrasquel es trasladado a los Indios de Cleveland, de donde pasaría  más tarde a los Atléticos de Kansas City y finalmente a los Orioles de  Baltimore. Quien escribe, militante de los Yankee de New York desde 1949, cuando sintonizábamos las trasmisiones de beisbol de la Grandes Ligas, en las voces de Buck Canel y Francisco José  “Pancho Pepe” Croquer, nuestra atención se concentraba en las atrapadas que realizaban Phil Rizzuto de los Yankees y el Fantasma de la calle 35 de Chicago, que así le decían a Alfonso Carrasquel. Al lado de eso, estábamos pendientes  de lo que hacían, tanto al bate como en las posiciones que ocupaban, Campanella, Joe Di Maggio, Mantle, Yogui Berra, Miñoso, entre otros trabucos. En esa época, al lado de un grupo de amigos nos dedicábamos a coleccionar barajitas donde aparecían los rostros y los nombres de los jugadores de los equipos de las grandes ligas.

Hace ya unos cuantos años nos contaron una sabrosa anécdota donde los protagonistas eran el progenitor de Alfonso Carrasquel, cuyo nombre era Cristóbal Colón,  tal cual el nombre del personaje histórico que descubrió o se encontró con lo que después se conocería como el Nuevo Mundo y su acompañante amigo. Este Cristóbal Colón era chofer o conductor de un vehículo de carga, resulta que, en una de nuestras carreteras detienen al camión y al  preguntarle la autoridad de  tránsito al chofer por su nombre y que le mostrara el título, éste le respondió que se llamaba Cristóbal Colón, lo que no fue del agrado de la autoridad, indicándole que no se encontraba con ánimo de aceptar tomaderas de pelo  y menos mamaderas de gallo.

Al ver el título como profesional del volante y el nombre correspondiente, al fiscal no le quedó más remedio que aceptar la respuesta que le había dado el padre de Alfonso “Chico” Carrasquel. Pasada la situación, el señor Colón le reclamó a su ayudante el por qué se había quedado callado y no había intervenido a su favor,  respondiéndole el caletero que, si él dice su nombre los hubiesen enviado directo a la cárcel a los dos,  porque su nombre es Simón Bolívar.

Historia Menuda XII

 Sabrosas Granjerías Guareneras

En Guarenas, ciudad que se acerca a la celebración de su cuatricentenario en este año 2021, cuna de significativas figuras, quienes con sus obras y actuaciones le dieron brillo a esa comunidad siempre protegida por la imagen de su patrona la Virgen de Copacabana, las familias llegaron a darle un  gustazo al paladar, saboreando exquisiteces como pelotas, majarete, tequiche, jaleas, conserva la cojita colocada en hojas de naranja, caratos, entre otras delicias. Todo se podía adquirir desembolsando la suma de un centavo de bolívar.

En esos lejanos días, como lo contaba el amigo Pedro Aponte, miembro fundador de la Unión de Conductores Guatire-Guarenas-Petare- Caracas, se podían adquirir tres soberanas arepas por solo un mediecito. En aquella Guarenas rural, rodeada de haciendas de caña de azúcar, trapiches, torreones y acequias, las familias  poseían en los corrales de sus hogares  crías de pollos, gallinas y no faltaba un cochino,  el cual se engordaba para matarlo en Navidad o para venderlo ya beneficiado.    Como diestras en la elaboración de las exquisitas granjerías guareneras, Aponte recordaba los nombres de María Lozano, Águeda Hernández, Emilia Gil, señora Pereira, Josefina y Chucha Navarro, Eugenia de Rodríguez, Hermanas Orta, María de Aponte, Mercedes de Seltrón, las Martínez, Emilia Gil, las hermanas Hernández Sojo, las Peñas, las Díaz, las Montillas, Concha Bolívar, entre otras. Otro renglón muy popular en Guarenas lo constituyó la elaboración del pan de trigo, destacándose panaderos como Buitermundo Muñoz, Ricardo Montiel, Gregorio Cabriles, Manuel Núñez, Oscar Ponte, Jesús María González, Ernesto y Ricardo Montiel. 

Para aquellos años, entre 1930 y 1940, las parturientas eran atendidas por veteranas comadronas, entre las que se encontraban los nombres de Felícita Mora, Juana Machado, Leona González, Concha Alvarado,  Cecilia Berroterán y la señora Josefina que lo hacía en el hospital Dr. García. El centro de salud de Guarenas fue bautizado con ese nombre en honor al Dr. Francisco Rafael García, hijo ilustre de Guarenas, quien mantuvo su consultorio frente a la Plaza Candelaria, donde cobraba dos bolívares por la consulta y bolívares cuatro cuando se trasladaba al domicilio del paciente y treinta si debía atender un parto en el hogar.    

En esos años recordaba Aponte en las gratas conversaciones que sosteníamos en su hogar, no dejaba de recordar las bien timbradas voces de los serenateros que se desplazan por las distintas calles de la pequeña villa, llevando el mensaje musical a las residencias donde habitaban hermosas damas, figurando los nombres de Eligio Peña, Antonio Núñez, Oscar Ponte, Pedro Muro, Juan Núñez, Luis Montilla, Juan Vicente Báez, Elpidio Berroterán, Jesús María Armas, Juan Hoyer, Dimas Caraballo.

Para cerrar esta nota plasmaré los nombres de renombrados músicos que en Guarenas dejaron una honda huella. En ese renglón figuran Agustín  Canónico, Manuel Silva, Antonio María Piñate, Benito Canónico, Manuel José Canónico, Bernardina Garmendia, Víctor Guitián, Félix Basulta,  Modesto Martínez, Emilio Bello y los hijos de Agustín Canónico. Una extraordinaria pincelada nos la ofreció Pedro Aponte cuando habló del espectáculo que ofrecían más de cincuenta (50) lavanderas que se colocaban a orillas del río Guarenas y mientras se dedicaban a su trabajo cantaban, reían, echaban chistes, cuentos y dejaban correr los chismes correspondientes. Las melodías se escuchaban también, al regresar a sus hogares con los canastos y bateas llenos de la ropa limpia, la cual debían entregar luego planchada y sin ningún tipo de mancha.

La escritora, compositora y guitarrista Conny Méndez, le rinde homenaje a las dulceras caraqueñas a través de su composición Chucho y Ceferina, cuya letra en una de sus partes dice:

Allá va la dulcera con sus azafate amontonao, / lo lleva pá Carmelita, pá las niñitas del externao, /con su rollete a cuestas/ y en una cesta van los centavos/ ¡Corre, que son las cuatro y se pone el dulce acaramelao!

Preferencia  por  la  carne  frita

Cuando escuchamos piezas musicales como Alma Llanera, El totumo de Guarenas, Barlovento, inmediatamente nos vienen a la memoria los nombres de afamados músicos y compositores nacidos en nuestro país de los quilates de  Pedro Elías Gutiérrez, Benito Canónico y Eduardo Serrano. Pedro Elías Gutiérrez nació en Macuto, Benito Canónico en Guarenas y Eduardo Serrano en Caracas. Estas líneas estarán dedicadas al maestro Eduardo Serrano, quien nació en la Parroquia San Juan  el 14 de febrero de 1911. Sus estudios musicales, su gran pasión, los va a iniciar en la Academia de Música y Declamación cuando la llamada gripe española golpeaba con toda su fuerza a la población venezolana, en 1918.

En esa Academia fue  orientado por conocidos maestros, de esos que dejan profunda huella en sus alumnos, como Gabriel Montero, Vicente Emilio Sojo, José Bustamante, Pedro Biana y Lefevre. Gracias a esas orientaciones Serrano llegó a dominar instrumentos como el violín, saxofón y a conocer los secretos de armonía y composición.

En su dilatada carrera como músico, el maestro Serrano aparece como entusiasta fundador de agrupaciones como Los hijos de la noche, formada por él, Juanito Renau y Luis Alfonzo Larraín,  quien luego fundara Orquesta Venezuela de larga trayectoria en los escenarios bailables de nuestro país. A sus inquietudes se debe la aparición, en 1928, año cuando los jóvenes universitarios, mostrando sus boinas, aprovechan los carnavales para emprender sus protestas contra la podredumbre que significaba el régimen gomecista de La orquesta Fiava.

Es también Eduardo Serrano miembro fundador e integrante de la agrupación Los Cantores del Trópico, donde lo acompañaron Marco Tulio Maristani, Manuel Enrique Pérez Díaz y Antonio Lauro. Cuando apenas  contaba 15 años se desempeña como músico en el conocido establecimiento caraqueño La Bomboniere, donde según él, se puso los pantalones largos en el quehacer musical acompañando a Luis Alfonzo Larraín, Raúl Briceño y Antonio Uzcátegui,  también se le verá en la orquesta de la emisora Broadcasting Caracas, bajo la dirección del maestro Carlos Bonnet. Es importante destacar que, hubo momentos, en los inicios de la radiodifusión en Venezuela, que cada emisora mantenía su propia orquesta, conducida por conocidos músicos.

El maestro Serrano, en su fértil creación musical, abarcó valses, merengues, joropos, danzas, coplas, aguinaldos, himnos, canciones religiosas. En una ocasión, dentro de las muchas entrevistas que le hicieran, llegó a decir, en relación a su profesión: “Ser músico en mi época era algo realmente difícil porque el músico era considerado como ciudadano de cuarta categoría”. La música que escuchamos cuando tuvimos la oportunidad de ver proyectadas las películas, La balandra Isabel llegó esta tarde, Juan de la calle, Amanecer a la vida, Venezuela también canta, Dos sirvientes peligrosos, Frijolito y Robustiana, Caín adolescente y Barlovento, pertenece a Eduardo Serrano. Entre sus piezas musicales más conocidas se encuentran, San Juan to lo tiene, Los hijos de la noche, Naná niná, Carmen, Tardes de Naiguatá, Frente al mar y Barlovento, que dice en una de sus estrofas así:

Barlovento, Barlovento tierra ardiente y del tambor, tierra de la fulía mi negra fina, que se va de fiesta, tu cintura prieta, al son de la curbeta y el tiquititaqui de la mina…Sabroso que mueve el cuerpo la barloventeña cuando camina, que bueno suena el tiquititaqui sobre la mina. ¡Que vengan los conuqueros para el baile de San Juan!…

En lo relacionado con los platos de la mesa venezolana, donde figuran el asado negro, hervidos, mondongos, pescado frito, caraotas con chicharrón, arepas, plátanos asados, carne de res, de chivo, de cochino, entre otros, el maestro Serrano le reveló a Esperanza Márquez, en entrevista aparecida en el diario El Mundo de octubre de 2008, que su plato preferido seguía siendo carne frita con arroz, con la que reveló él, había matado el hambre en la crisis que se presentó en los años 1928 y 1929. Entre carne frita y música, el maestro Eduardo Serrano vivió 95 años. En cambio Maríamoñito invitaba a comer plátano con arroz, pero a la gente no le gustaba su mazacote.

A la cárcel por proponer candidato

Rafael Arévalo González, periodista, novelista, telegrafista, nació en la villa de Río Chico, el 13 septiembre de 1866 y fallece en Caracas el  20 de abril de 1935. Fundó en Caracas el periódico El Pregonero y la revista Atenas. La juventud universitaria  venezolana, la de 1928, lo declaró héroe civil de Venezuela, ello por su clara posición contra las dictaduras y la corrupción, lo que lo llevó a sufrir largos años de cárcel. ¡Jamás se dobló! Se mantuvo erguido, convirtiéndose en figura ejemplar de una Venezuela donde reinaba el empantanamiento, la compra de conciencia, la corrupción y el cerco contra la libertad de pensamiento.

Combatió a fondo, con brillantes ideas y posición hidalga, las administraciones de los que gobernaron al país aplicando la fuerza, la tortura, la cárcel y el exilio. Prueba de ello la encontramos en su escrito Las memorias de Arévalo González. Los gobiernos de los compadres Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez trataron de silenciarlo y lo enviaron a negros calabozos, lo cual no logró que se doblegara ni que se callara.

En 1913 Arévalo González lanza a través de su diario El Pregonero, la candidatura presidencial del Doctor Félix Montes, oponiéndosela a la de Juan Vicente Gómez, quien detentaba el poder desde el 19 de diciembre de 1908, motivo por el cual es enviado a los negros, húmedos y pestilentes calabozos de La Rotunda, arrastrando pesados grillos donde el tirano lo mantuvo desde 1913 hasta 1922. El jurista Montes tuvo que salir del país y pudo regresar a raíz de la muerte del dictador el 17 de diciembre de 1935. El mártir Arévalo González, antes de proponer una candidatura distinta a la de Gómez fue llevado a las mazmorras  del  castillo San  Carlos, estado Zulia el 19 de noviembre de 1909 hasta el 19 de abril de 1910.

En la lúgubre prisión de La Rotunda padeció las torturas de sus carceleros, quienes recibían órdenes directas del jefe máximo del país,  del 13 de julio de 1919 hasta diciembre de 1921, luego del l2 de julio de 1923 hasta 24 de julio de 1925 y en el tenebroso castillo de Puerto Cabello, mal llamado Libertador, lo encadenaron desde el 25 de febrero de 1928 hasta el 15 de octubre de 1932.   Este carcelazo fue por el solo delito de enviarle un telegrama a Juan Vicente Gómez donde defendía a los estudiantes universitarios en sus acciones de la Semana del Estudiante en lo carnavales de ese año. Solamente en estos tres períodos señalados anteriormente tuvo en prisión aproximadamente 9 años y un mes.

Rafael Arévalo González, a pesar de las catorce prisiones, señaladas por sus biógrafos, por su posición todo el tiempo vertical, de defensa de las libertades, tuvo tiempo  aunque siempre perseguido, de escribir las novelas Escombros (1892) y Maldita juventud (1904) y mantenerse al frente del diario y la revista señalado anteriormente. En sus Memorias se encuentran interesantes informaciones sobre caudillos gobernantes como Andueza Palacios, a quien llamó borracho de la Casa Amarilla. Esta destacada figura del siglo XX venezolano no pudo presenciar la muerte de su más fiero carcelero, Juan Vicente Gómez, ello porque el gran civilista y demócrata fallece en abril de 1935 y el dictador en diciembre de ese mismo año.

La población de Río Chico, protegida por la Virgen de Las Mercedes, mantiene un busto en una pequeña plaza como permanente homenaje a Don Rafael Arévalo González y en el caserío  El Clavo, perteneciente al Distrito Acevedo de la época cuya capital es Caucagua, al ser elevado a municipio en 1938, de acuerdo a disposición de la Asamblea Legislativa del estado Miranda, se bautizó con el nombre del ilustre hijo de Río Chico y de Venezuela, Rafael  Arévalo González. A favor de la elevación de El Clavo, a la  categoría de municipio, trabajaron incansablemente los ciudadanos, firmando el acta correspondiente, Víctor M. Morales, Jorge Mendoza, José Esteban Marrero, Pedro Peña, Pedro Rodríguez Ocampo, Jesús María Melo, León Bolívar, Santos Sifontes,  Santos Vegas, Hilario Zuleta, Sergio López, entre otros.

¿Cómo Conoci a “Leo” y a “Job Pim”?

El  ingenioso humorista, Aquiles Nazoa, profundo conocedor de la vida de nuestros humoristas, lo que llevó a escribir la bien documentada obra Los humoristas de Caracas, nos dejó entre muchas otras cosas sobre Leoncio “Leo” Martínez, la siguiente pincelada:

Lo festivo sería el tono risueño en que formulaba los diálogos que acompañaban su dibujo. Leo no fue, en el sentido gráfico de la palabra, un humorista festivo, ni menos un humorista alegre…fue un vengador del estado de opresión y de miseria en que agonizaba nuestro pueblo; y en el teatro, en el cuento, en el periodismo, en la poesía, especialmente en el dibujo, lo que nos dejó aquel hombre fue un patético testimonio, un retrato sangrante de lo fue la Venezuela de su tiempo.

La Venezuela del tiempo de Leoncio “Leo” Martínez, fue la de Juan Vicente Gómez,  quien  metió sus poderosas garras de acero en el  cuello de la nación por espacio de 27 años, sin contar los que estuvo como vicepresidente con Cipriano Castro.  Quien escribió esta nota conoció a  Leoncio “Leo” Martínez y a Francisco “Job Pim” Pimentel, a través del nutrido verbo de Aquiles Nazoa, quien en la Biblioteca Nacional, donde tuve el honor de atenderlo en sus investigaciones, me habló de ellos y de lo que habían significado en la vida artística, cultural, política, social, humorística y periodística de Venezuela, recomendándome la lectura de sus trabajos y de lo que sobre ellos habían escrito destacados intelectuales venezolanos. Recomendaciones, como las de otros valores del humorismo entre ellos José “Kotepa” Delgado, Jesús Rosas “Cirio” Marcano,  y estudiosos del tema, como Carlos Eduardo “Caremis” Misle y Efraín Subero, que seguí como me las habían trazado.

Otros caminos que me llevaron a conocer la magna obra de Francisco “Job Pim” Pimentel, los abrió su hermana Cecilia Pimentel, galardonada con el título Mujer de las Américas,  en reconocimiento por su dilatada labor social, cuando la atendíamos en la Biblioteca Nacional, hacia donde iba con cierta frecuencia a consultar periódicos, libros, folletos, revistas,  momentos que aprovechaba quien esto escribe para solicitarle información acerca de la dilatada jornada de su hermano en el campo del humorismo, periodismo y sus luchas contra la dictadura de Juan Vicente Gómez. Recuerdo muy bien que Cecilia Pimentel revisó colecciones de publicaciones periódicas como Pitorreos, Fantoches, El Universal, El Nuevo Diario, El Heraldo, El Cojo Ilustrado, en la búsqueda de informaciones acerca del trabajo intelectual del Jobo, como también identificaban a Francisco Pimentel.

              Historia Menuda XIII

Indoloras extracciones de muelas en Guatire y algo más.

Entre los años de 1938 y 1939, en el semanario La Voz de Guatire, promovía sus servicios el cirujano dentista de la Universidad Central de Venezuela,  Luis Santana Morales, ofreciendo extracciones indoloras, orificaciones, coronas de oro y porcelana, puentes fijos y removibles, planchas y tratamiento de afecciones de origen dentario. El consultorio se encontraba situado en la esquina de la capilla de El Nazareno, cercano, eso creemos, a lo que fue sede de la botica de Agudelo Lachica, la casona de Misia María, la residencia del médico Gilberto Useche Mendoza, el hogar de los Pinto Pilo y de mi padrino Antonio Escalona. En Guatire, en lo que a dentistas se refiere, cumplieron labor de primera Don Carlos Martus, Luisa Belén Oramas y su hermano José Rubio, luego llegarían los odontólogos Cansino y Rubino, siguiéndole en esa profesión Eduvigis Oramas, hija de Doña Luisa Belén. Para esa época el Dr. Ramón Alfonzo Blanco, fuerte pilar de la construcción de la plaza 24 de julio y de la colocación de la estatua pedestre de Simón Bolívar en la misma, era el médico más conocido de la comunidad y quien también sería director del Hospital Santa Marta, seguido luego en el mismo cargo por los galenos Gilberto Useche Mendoza y Julio Omaña.

Ya para el año de 1938, año de mi nacimiento en Araira en el  sector Vega Redonda, la familia guatireña asistía al cine Bolívar, regentado por Alciro García, quien atendía las llamadas telefónicas por el número 18,  y se deleitaron viendo las películas La familia Dressel, Allá en el rancho chico, Guadalupe la chinaca, Adelante boy scout, La chismosa y Carmen la de Triana. Un hermano de Alciro García, Miguel Lorenzo García, nombre que lleva el estadio principal de beisbol de Guatire, atendía el bar Tropical, donde se le ofrecía a la clientela un ventilado salón de billar. Desde 1924 mantenía sus puertas abiertas en la calle Miranda No.46 el American bar de Juan Ortega, especializado en dulces de pasta, bombones, galletas, cachos de azúcar con sabor a guanábana, leche helada y conservas de cidra y a partir del año 1933, Eliseo Hernández atendía el botiquín Central para los caballeros de buen gusto.

Cuando corría el año de  1935, Don Jesús Marcano, padre del célebre cómico Chuchín Marcano, mantenía una posada frente a la plaza 24 de julio. Al enterarse el pueblo de Guatire de la muerte del dictador Juan Vicente Gómez, sus habitantes salieron a la calle, entraron  a los locales donde se encontraban unas máquinas conocidas como traga lochas y las lanzaron a la calle,  derribaron una estatua de Alí Gómez, hijo del caudillo andino, que se encontraba a la entrada del pueblo frente al negocio de los hermanos Muñoz, Felipe, Pedro y Pablo Antero, así lo recuerda Hernán Guerrero cuando llegó a Guatire, trasladado desde Caracas por el chofer Marquitos Lander, con la misión de trabajar en el acueducto que se había decretado para surtir de agua a las residencias de la familia de Guatire. A raíz de la desaparición de Juan Vicente Gómez, en este sector se empinaban nuevos dirigentes, todos orientados hacia la búsqueda de los caminos que guiaran hacia el disfrute de la democracia, entre ellos, eso recuerda Guerrero, se encontraban Jesús María “Cucho” Pacheco Carpio, César Gil,  Alciro García, Miguel Lorenzo Berroterán,  Trino  Rojas, Nicolás Guerra, Benito Barrios Hinojosa, Guillermo Enrique Jugo Delgado, entre otros.  Se funda en esa ocasión el Gremio Obrero de Guatire, presidido por Cruz Añanguren.

En 1936 el vocero 3 de mayo, publicaba una nota despidiendo de Guatire al cantante Rafael  Deyón y al guitarrista Bernabé Rodríguez. Deyón en sus actuaciones había cantado tangos y canciones. Desde la quincalla El chamaco de M. Castillo se distribuía el diario Ahora y el semanario  humorístico Fantoches, fundado en abril de 1923 por el genial  Leoncio “Leo” Martínez.

Bolívar creyó que eran unos locos

El conocido educador, escritor y periodista caroreño Cecilio Zubillaga Perera, identificado en el estado Lara con el apodo Chío, trabajador incansable a favor de la educación y la cultura, forjador de más de una generación de larenses, poseedor de grandes conocimientos los cuales  divulgó en diversos medios de comunicación social de su estado natal, entre ellos El Impulso, La Palabra, Monitor, El Diario de Carora, El Yunque, donde publicó con su nombre y con el seudónimo Pacífico Leal, sesudos artículos. En nota aparecida en la Revista Venezolana de Folklore año 1947, revela  que  cuando el Libertador realizó  una visita a Carora en 1821, al observar que dentro del público que le daba la bienvenida se encontraban unos señores vestidos de una manera muy extraña preguntó, eso lo escribe el maestro Zubillaga Perera, si eran unos locos, recibiendo como respuesta que no, que no  se trataba de unos dementes, sino de los cabildantes, representantes de la comunidad que se habían colocado sus mejores prendas o galas para homenajearlo.

La sorpresa de Simón Bolívar se centró al observar que los señores ediles, de acuerdo a la nota del educador Zubillaga, se habían engalanado con levitón de dril, chinela de paño floreada, cabezas cubiertas con pañuelos de madrás de colores vistosos y encima de ellos sombreros conocidos como pavas quiboreñas.          

Me lo contó el Negro Tapia

En Guarenas todos lo conocían como el Negro Tapia, nunca escuché su nombre de pila. Una tarde, después de tomar café en la arepera  de Virgilio Goncalvez en el Pueblo Arriba, nos acercamos a los bancos de la plaza Bolívar que están cerca de la Catedral, y allí Tapia me narró que cuando él llegó a Guatire, no recordó el año, existía una pequeña sala de cine propiedad de los hermanos Alliegro, dueños también de una tienda; para esa misma época nos dijo que había conocido a unos jóvenes guatireños que interpretaban tangos, entre ellos Guido Acuña, Luis Porto, Enrique Regalado y Rafael Deyón, quien empezaba a cantar y se daba sus escapaditas hasta Guatire, inmediatamente se identificó con el grupo, todos con inclinaciones musicales y artísticas como él.

En un ocasión, continuaba animadamente su conversación el Negro Tapia, llegaron a Guatire, procedentes de Caracas, unos artistas, entre ellos el pianista Castillo Bustamante, autor de la famosa composición Escríbeme, la cantante Rosario Lozada y el bailarín de música norteamericana, negro como él, Luis Pierre. Al ver la presentación de Pierre los amigos de Tapia lo animaron para que imitara al nombrado bailarín, cuestión esta que aceptó, quien dicho sea de paso, poseía buen oído musical, era maraquero y poseía excelentes y muy bien coordinados  movimientos de piernas, cadera y otras partes del cuerpo. Después de conversar con los Alliegro, comunicándoles que se había preparado muy bien en la imitación de Luis Pierre y por lo tanto le pedía que lo incluyera cantando y bailando rumba al lado de Rosario Lozada, solicitud que fue admitida por los hermanos Alliegro dueños del salón de cine, se presentó también en esa oportunidad Luis Porto, conocido como “El caballero del tango” y un declamador, chofer de profesión, identificado como “El recio de la poesía”, a quien todos le decían Pérez Soto, ello por su parecido con el general gomecista de ese nombre, propietario en Los Teques de la hacienda Ramo Verde, donde tiene su sede desde hace varios años la Escuela de Guardias Nacionales.

En esa amena  conversación con el Negro Tapia, con la alegría que lo caracterizaba, lo cual hizo que a nuestro alrededor se situara un grupo de personas a escuchar atentamente la narración de Tapia y la forma como él tocaba las maracas, imitando con la boca el sonido que producían los capachos  en los conjuntos musicales donde le tocó actuar - recordó que Rosario Lozada había nacido en Guarenas y  muy joven se marchó a España donde aprendió a cantar y a bailar flamenco y otras cosas del mundo musical español.

De repente recordé, amigos lectores,  que la letra de la popular canción  “Escríbeme”, de  Guillermo Castillo Bustamante, popularizada por el tenor de Venezuela Alfredo Sadel, el común  de la gente piensa que se trata de un despecho, un barranco como dicen ahora. Nada más alejado de la realidad, por el contrario,  la letra de esa canción refleja la situación desesperada en que él se encuentra al no tener noticias de su familia, porque el único contacto que le permitían los carceleros de Ciudad Bolívar donde se encontraba preso por razones políticas en el gobierno de la dictadura de Pérez Jiménez,  era el de su hija, y este contacto,  también le fue arrebatado, por lo que él decidió escribirle. Así  nació “Escríbeme” cuya letra dice :

Son tus cartas, mi esperanza

Mis temores y  alegrías

Y  aunque sean tonterías

Escríbeme, escríbeme  

Tu silencio me acongoja

Me preocupa y predispone

Y aunque sea con borrones

Escríbeme, escríbeme  

Me hacen más falta tus cartas

que la misma vida mía

lo mejor morir sería

si algún día me olvidaras.

Cuando llegan a mis manos

su lectura me conmueve

y aunque sea malas nuevas

Escríbeme, escríbeme  

El Tenor y guitarrista Régulo Rico

El maestro Régulo Rico nació en Guatire el 30 de marzo de 1878 y fallece allí mismo, a los 82 años,  el 20 de mayo de 1960. Su vida la dedicó a la educación, la poesía y a la música. Sus primeras letras las conocerá a través de las orientaciones de Josefa Guarenas y Antonio Palacios, mientras que las enseñanzas musicales las recibió de Henrique León y Demetrio Farías. Sus conocimientos, obtenidos en su largo laborar en los escenarios del arte y la cultura, le permitieron orientar a más de una generación de guatireños en los dominios de la música. Se desempeñó como maestro de escuela, juez, registrador, maestro de capilla, actividad esta última que cumplió por espacio de medio siglo en la Iglesia Parroquial de Santa Cruz de Pacairigua y Guatire.

Don Régulo Rico llegó a dominar a perfección instrumentos como la guitarra, órgano y piano, encontrándose entre sus compositores preferidos Beethoven, Mozart, Bellini, Lamas y Montero. Entre los alumnos formados por él en su modesta escuela de música, recordaba con especial cariño a Vicente Emilio  Sojo, Elías Centeno, Jesús Álvarez Pérez, Francisco Antonio Palacios, Evaristo Milano, Claudio Rico, Julián Tovar, Manuel Gámez, Rafael Vicente Borges, Manuel Milano, Martín Blanco, Saturnino García, Delfín y Melecio García Barba y a sus hijos Pedro Luis, Régulo y Carmen Rufina.

El destacado músico, director de orquesta, compositor y ganador en dos oportunidades del Premio Nacional de Música, Evencio Castellanos, recordaba que en una oportunidad su maestro, Vicente Emilio Sojo le narró cómo se había convertido en alumno de Régulo Rico:

Un día me encontraba jugando en una calle del pueblo con otros muchachos de mi edad, cuando pasó cerca de mí Régulo Rico, y después de saludarme me preguntó ¿quieres estudiar música conmigo Vicente Emilio? Después de meditar un poco le contesté, como quien toma una determinación: Sí, Maestro.

Así comenzaron las claras orientaciones que Régulo Rico comenzó a darle al joven Vicente Emilio Sojo, quien con el correr de los años se convertiría en una de las figuras más empinadas del arte musical venezolano del siglo XX. Rico funda en su pueblo natal la Unión Filarmónica, agrupación que mantuvo como sede primero, una casa propiedad de Luis Betancourt, padre del presidente Rómulo Betancourt y luego a una pieza de una vivienda de Antonio García Guerra y  también funda la Estudiantina Santa  Cecilia, conociéndose de esta última dos etapas.  Su obra como compositor abarca misas, himnos, aguinaldos, valses, canciones, polka, pasodobles, tangos. Como dato interesante les dejamos, no muy conocido en la vida de quien escribimos que, mientras  estudiaba las lecciones de órgano que le impartía  Demetrio Farías, maestro de capilla contratado por el reverendo José María Istúriz,  el joven Régulo Rico cumplía trabajo como albañil.

Así mismo, Régulo Rico poseía, recuerda Evencio Castellanos, “un secreto y misterioso estilo de tocar la guitarra, cuya técnica conocía con la perfección de los grandes.”  Vicente Emilio Sojo, también reconoció  el dominio que Rico poseía sobre ese instrumento, no olvidaba el maestro Evencio  Castellanos, que las calles de Guatire tienen mucho que contar sobre las bellas serenatas donde Régulo Rico desplegó su magnífica voz de tenor. El musicólogo José Peñin señala que igualmente llegó a ser un gran cultor de la canción popular de corte romántico. Con su voz de tenor y el dominio que poseía sobre la guitarra, el joven Régulo Rico, llegó a interpretar hermosas canciones, muchas compuestas por él, las cuales llegaron, en su bien timbrada voz, a más de una ventana donde se sabía que un bello rostro se deleitaba escuchándolo.  

Historia Menuda XIV

Prendas de Turco

  El humanista García de la Concha, cronista de una Caracas que ya va de viaje, como lo identificara el historiador Ramón Díaz Sánchez, autor de obras que nos muestran estampas del pasado de  una Caracas amable, sencilla, con sus tranvías halados por mulas y luego impulsados por electricidad, con sus paseos hacia Puente Hierro, El Calvario, Los Caobos, El Paraíso, Los Teques, con sus noches de teatro y tertulias en la Plaza Bolívar, donde la música de  la Banda Marcial inundaba todos los rincones, no faltando las conversaciones íntimas en las casas de acogedores espacios, acompañadas de bebidas aromáticas como el chocolate y el café. Con mano maestra, el cronista nos va trazando características de  cosas que ya no existen, arrasadas, en el caso de la arquitectura de la pequeña urbe  por un progreso mal entendido, casonas que constituyeron, con sus amplios jardines interiores, la admiración de residentes y visitantes, fueron demolidas sin escuchar las voces que se alzaron tratando de impedir el crimen arquitectónico que se cometía. Hermosas construcciones del siglo XVIII cayeron para darle paso a hongos de concreto. Asimismo, Don José García de la Concha, nos pinta interesantes personajes que recorrieron las estrechas y empedradas calles del centro de la ciudad, mostrando los vestidos y adornos del momento, en especial cuando se trataba del género femenino.

En esa Caracas de antaño, como la pinta García de la Concha, no faltaba la “turca”, con su gran cesta llena de un mundo de baratijas, jabones, perfumes, rosarios, escapularios, horquillas, peinetas, cortes de muselina, entre otras cosas. A las prendas que mostraban y vendían esas señoras se les conocían como prendas de  turco, que por lo general llevaban las mujeres que se desempeñaban en el llamado oficio doméstico. Las señoras, las damas de holgada posición económica, refiere nuestro informante, mostraban prendas auténticas, trajes largos con cola que recogían con donaire y sencillez. Estas señoras, dice García de la Concha,  usaban, en horas de las mañanas trajes claros, vaporosos, sombrillas de encajes y en los bailes mostraban pesados trajes, escotes moderados, guantes largos, preciosos collares. Las damas casadas usaban velos, blancos durante el día y negros, morados o gris para la tarde. En aquellos lejanos días que describe Don José García de la Concha en sus Reminiscencias, las prendas más usadas por las damas de cierta posición social no eran otras sino zarcillos, solitarios de brillantes, pulseras, sortijas, prendedores, aros o anillos de compromisos. La prenda más estrambótica que se colocaban las damas, recuerda García de la Concha era el corset, que él describe como una especie de aparato para enderezarle el espinazo a un quebrado y ninguna mujer podía prescindir de él y se consideraba una falta presentarse  a un lugar sin el corset.

No olvida Don José García de la Concha a mujeres ya ancianas, de raza  negra exhibiendo sus grandes argollas o zarcillos de oro, la excepción de entonces, túnico blanco, cubriéndose sus cabezas con rojo pañuelo de madrás, con delantal hecho de retazos y llevando sobre sus cabezas un azafate lleno de conservas de coco, hallaquitas y hallacas. La mayoría de las cocineras de las familias adineradas  eran martiniqueñas, quienes también mostraban sus llamativos trajes cuando salían a la calle a realizar las compras en el mercado. Las familias de la época les prohibían a las jóvenes, hasta los veinte (20)  años, usar prendas y el largo de sus vestidos era permitido hasta “la orilla” de las botas. Época de casas con hermosas y bien cuidadas ventanas, donde en horas de la tarde se colocaban las jóvenes a ver a los transeúntes, unos sonreídos como escribiera Aquiles Nazoa y otros muy serios. Esos momentos, los de ver a las  chicas en las ventanas, eran aprovechados por los enamorados para ubicarse en postes cercanos y desde allí mirarlas, exhibiendo sus bien cuidados trajes y las  pajillas, sombreros muy populares hasta entrado el siglo XX. Al lado de las pajillas, en Caracas, los caballeros también mostraban sombreros tipo pumpás, las camaritas, los tirolés, los panamá, los pelo de guama. En su amena obra Reminiscencias. Vida y costumbre de la vieja Caracas, de Don José García de la Concha, nos dice que los caballeros, también usaban, otros sombreros conocidos a lo campechano, a lo jovial, a lo serio y comedido, a lo tumba gobierno, a su manera, a lo golpe y porrazo.

Los Disparos del Mapurite

El popular mapurite se encuentra localizado en las Américas, tanto en el sur, norte y  centro, donde también se le conoce como zorrillo y mofeta. El estudioso José Ignacio Arnal, nos dice que el mapurite le presta grandes beneficios a los agricultores ya que él se alimenta de insectos, ratones, culebras y otras alimañas. El mapurite emplea sus potentes garras  para sacar  insectos de vida subterránea. La poderosa arma defensiva del mapurite está situada debajo de la cola y consiste en dos bolsitas que se conectan con el exterior mediante dos ductos. Cuando permanece tranquilo los ductos los mantiene escondidos, pero, cuando el peligro amenaza, como diría Tamakún, el vengador errante, saca sus cañones y dispara un liquido amarillento de olor fétido que alcanza con gran precisión los cuatro metros de distancia, regándose el mal olor hasta por dos kilómetros a la redonda. Las bolsitas con su líquido pestífero pueden ser disparadas  seis veces en forma consecutivas, mediante esa operación el mapurite puede poner en fuga a sus más feroces enemigos.

Para que el mapurite, a quien los demás animales ven con respeto, pueda expulsar su carga mal oliente, requiere afincar muy bien sus cuatro patas, permitiéndole  disparar sus hediondas bolsas, las cuales son capaces de disolver las más aguerridas manifestaciones, con más efectividad que las bombas lacrimógenas. Estudiosos de nuestra fauna y flora, como Edgardo Mondolfi, nos dicen que el mapurite es un animal solitario y para encontrarse con su pareja debe recorrer varios kilómetros. En una pelea entre mapurites, donde se disputan a una hembra, no se disparan entre ellos el repugnante líquido. El mapurite cuando llega al mundo vine armado con sus respectivos proyectiles dispuestos  a ser disparados al ser acosado. Los disparos del mapurite, según los entendidos, nunca se desvían de su objetivo.  Cuando ello sucede hasta las bestias más feroces piden auxilio y solicitan máscaras antigases, vinagre, pañuelos y agua muy fría.     

Páez, Dominga y Barbarita

Entre páginas de tratados de historia de Venezuela, ensayos, artículos periodísticos, crónicas, ha sido posible localizar los nombres de las esposas de algunos de nuestros presidentes, la gran mayoría caudillos de montoneras. Comenzaremos con el general José Antonio Páez, quien se une en matrimonio con Dominga Ortiz en julio de 1809, cuando ella tenía apenas diez y seis (16) años y él contaba con diez y nueve (19). Algunas informaciones señalan que solo tuvo una hija, conocida como Rosario, no obstante el historiador Antonio Reyes sostiene que tuvo dos, Manuel A. Páez y María del Rosario. Pero no fue Dominga el gran amor del Centauro de los Llanos, como también se conocía a Páez, sino otra joven, llamada Barbarita Nieves. Dominga Ortiz, su legítima esposa,  era llanera como él. Había nacido en Barinas y sus padres eran dueños de hatos. Tanto ella como Páez se unieron a la causa emancipadora. José Antonio Páez trabajó como peón en el hato de Manuel Antonio Pulido, donde conoció todos los secretos relacionados con la doma de caballos, el ordeño, la fabricación de queso y la conducción de puntas de ganado a lo largo y ancho de la llanura, lo cual cumplió con esmero por ser excelente jinete. A partir de 1821, después de la batalla de Carabobo, Páez se olvida de Dominga Ortiz y cae en brazo de Barbarita Nieves, a quien conoció en la ciudad de Valencia, permanecen juntos hasta el fallecimiento de ésta en 1847. Se dice que con la desaparición de Barbarita se oculta la estrella que había iluminado el camino de José Antonio Páez.

En  los veinti y siete (27) años de unión entre Barbarita Nieves y José Antonio Páez, nacieron cuatro hijos. Esta dama influyó grandemente en la transformación del Héroe de Carabobo, y así, poco poco, lo fue  convirtiendo en un hombre amante de las letras, de la música, de la lectura y del teatro. He aquí lo que traza la historiadora y académica Ermila Troconis de Veracoechea en su ensayo Dos mujeres en la vida de José Antonio Páez, publicado en el Suplemento Cultural de Últimas Noticias del 20 de mayo de 1990, al hacer referencia a la unión del héroe con Barbarita:

La sociedad de la época, a pesar de ser bastante recalcitrante, aceptó sin condiciones  a la amante del Presidente, agasajándola y brindándole toda clase de alabanzas. La mansión presidencial era un centro social y cultural donde se hacían bailes suntuosos, conciertos y recitales, siempre bajo la dirección de Barbarita y la mirada complaciente de Páez, que veía con satisfacción los cumplidos que se le hacían a su amada. 

Barbarita, de acuerdo a los datos que aparecen en los estudios sobre la vida y la obra de Páez, era una mujer inteligente, de olfato político, de grata conversación, amiga de la música, del teatro, de las tertulias, pianista, cantante y dotada de especial belleza. La pluma del brillante pensador Juan Vicente González, con gallarda prosa, justificó la unión concubinaria entre el héroe de Mucuritas, Las Queseras, Mata de la Miel, Carabobo  con  Barbarita Nieves.

Mientras Barbarita Nieves disfrutaba las mieles del poder al lado de su amado, Dominga Ortiz, de quien el Centauro de los Llanos, nunca se divorció, llevaba con dignidad e hidalguía haber sido abandonada por su legítimo esposo.

  En la obra “Cuando el marido es el Presidente”, del escritor, académico, historiador y periodista Antonio Reyes, en la parte donde se escribe sobre la esposa de José Antonio Páez, nos ofrece la siguiente pintura:

Doña Dominga Ortiz de Páez deambula por las páginas de nuestra historia, como una silueta opaca y desvaída, ayuna de magnífico relieve inherente a la memoria  de las grandes matronas del pasado. De su vida pulcra, activa, responsable y digna no existe comentario alguno. Tampoco los poetas supieron recoger en sus estrofas el alto concepto de esposa y de honor que mantuvo en todo instante aquella humilde dama nacida el 1 de noviembre de 1796, en una encrucijada de la Provincia de Barinas, aldea o pueblo designado geográficamente como Cunaguá.

Por cierto, Don Antonio Reyes, bautiza a Doña Dominga como La Musa de la Epopeya, mientras que a Barbarita Nieves la identifica como La Musa de la Viñeta. Asimismo el autor antes citado, en la misma obra, señala que, al aparecer la figura de Barbarita Nieves, comienza el desplazamiento conyugal y Dominga Ortiz, la legítima esposa, la compañera de los días aciagos, después del triunfo definitivo en Carabobo, queda relegada a planos subalternos. Dominga Ortiz, como ya hemos indicado, era llanera, de los dominios de Barinas, José Antonio Páez también, de las llanuras de Portuguesa y Barbarita Nieves, apureña.  El destino tiene sus jugadas porque  paradójicamente, será Doña Dominga quien le salvará la vida a José Antonio Páez. A pesar de haber sido relegada del sitial que le correspondía, al enterarse que el creador de la Republica de Venezuela, José Antonio Páez, su esposo, había sido condenado a la pena capital, encontrándose en las celdas del Castillo de San Antonio, en la ciudad de Cumaná, inmediatamente  Dominga interviene y, al efectuar diligencias ante el presidente José Tadeo Monagas, logra que se elimine la pena de muerte por exilio, saliendo así hacia la isla de San Thomas y de aquí para New York. Doña Dominga lo acompañó hasta San Thomas, manifestándole a Páez que hasta allí llegaba, cumpliendo como esposa. Se sabe que Páez le pidió que siguiera con él hasta New York, recibiendo como respuesta que no lo acompañaba más.

Historia Menuda XV

Genial bailarina visitó a Guatire.

La genial bailarina Anna Pavlowa, consentida dentro del mundo artístico del imperio zarista, considerada por la crítica, como única en los escenarios de su época,  al llegar a Venezuela, le dispensó una visita a Guatire el 15 de noviembre de 1917. En esa especial ocasión, estuvo acompañada del general Eduardo G. Mancera, dueño para entonces de la hacienda La Concepción, mejor conocida como La Carbonera y de una distinguida comitiva. Las informaciones de la prensa de ese mes y año, señalan que al salir de Caracas el carruaje que conducía a la elevada figura del ballet a nivel mundial, tomó el serpenteante camino rodeado de una excelente vegetación y sembradíos de caña de azúcar. El escenario era magnífico. Se señalaba que al paso del vehículo donde se encontraba Anna Pavlowa y su ilustre séquito, reventaban cohetes y los campesinos aplaudían y agitaban sus modestos sombreros. Anna Pavlowa desembarcó en el puerto de  La Guaira el 10 de noviembre de 1917, la acompañaban cincuenta (50)  destacadas figuras del ballet, entre ellas el primer “danseur” Volanine, de fama mundial y M. Clustine, director de bailes de la Gran Ópera de París. El público caraqueño vio danzar a Anna Pavlowa en los ballets Griselda, Cappelia,  La Noche e Walpurcis, recibiendo, según las informaciones de prensa, grandes y prolongadas ovaciones y lluvia de flores fueron a caer sobre el cuerpo de la hermosa y mundialmente conocida estrella del cuerpo imperial de bailes de San Petersburgo.

En Santa Cruz de Pacairigua y Guatire, Villa Heroica, en aquel memorable 17 de noviembre de 1917, fue recibida con música, flores, cohetes, confite, aplausos y el saludo de los invitados especiales. En la hacienda La Concepción, la bailarina corrió por los campos, tanto a pie como a caballo. Los músicos de la Banda Municipal, dirigida por el maestro Régulo Rico, tocaron en su honor,  para luego, en la casa de la hacienda, dejarse llevar por el baile. Entre las personalidades que acompañaron a Anna Pavlowa hasta Guatire para disfrutar de un día de campo, se encontraban Stefa Plaska y Wieska, integrantes del cuerpo de baile de la afamada artista, Noemí Benedetti, con quien aparece la Pavlowa, en fotografía publicada por el diario El Universal, montando a caballo, el general Eduardo G. Mancera, el doctor E. Meier Flégel, el doctor Ernesto Capriles, Vicente Arévalo, Andrés Mata, fundador del periódico El Universal, Miguel Herrera Mendoza,  Eduardo Eraso, Ramón Veloz,  general Alí Gómez, hijo del dictador Juan Vicente Gómez, doctor Adriano Riera, Eduardo Braasch, J. M. Machado,  doctor Alejandro Chataing, renombrado ingeniero, Carlos Mancera y el doctor García Chirinos.

En la recepción, escenificada en la solariega casona de la hacienda La Concepción o La Carbonera, donde años después funcionó una escuela con el nombre de Eugenio P. De Bellard, hubo brindis, se improvisaron versos alusivos a la bailarina y, sin pensarlo dos veces, al oír las notas musicales que brotaban de los instrumentos de los músicos integrantes de la agrupación que amenizó la reunión, Anna Pavlowa se dejó llevar por el entusiasmo reinante y bailó como solo ella sabía hacerlo, para deleite de los que hasta esa posesión se habían dado cita. Lamentablemente la casona desapareció, fue derribada sin contemplaciones, quedándonos algunas fotografías, publicada una de ellas por el mensuario Teretere.  

Se gastaron ochocientos cuarenta y seis (846) bolívares en Guatire

En el mes de marzo de 1936, a tres (3) meses del fallecimiento en Maracay  del dictador Juan Vicente Gómez en su rústica habitación de su residencia,   el Concejo Municipal presidido por Elías Centeno y como Administrador de Rentas Municipales el señor Ángel María Daló, de acuerdo con Boletín Oficial fechado el 15 de marzo de ese año, el Concejo Municipal gastó en febrero, la suma de ochocientos cuarenta y seis bolívares con cero céntimo (846 Bs.) en una serie de adquisiciones de materiales y pagos de servicios prestados al municipio.

A continuación los nombres de las personas a las cuales se les cancelaron determinadas sumas por servicios prestados, entre los que se encontraban, el señor Nicanor Blanco, muy conocido en Araira como excelente panadero, bolívares veinticinco (25) por alquiler de una bestia, posiblemente una de las mulas que él empleaba para repartir pan de trigo y dulces , para viajar al distrito Páez (Río Chico);  al doctor Ramón Alfonzo Blanco, médico de alta estima en Guatire bolívares veinte (20) por atención médica a Aquilina Guevara;  a Francisco Reverón, conocido en Guatire como Coché, por una comisión de la Jefatura Civil, bolívares quince (15); a Urbino Blanco por limpieza del frente de la Casa de Gobierno, un bolívar con cincuenta céntimos  (1,50);  a Bernabé Urbina, dueño de la imprenta Copacabana de Guarenas, por la publicación del Boletín Oficial del Concejo Municipal, veinte bolívares (20);  a Reyes Blanco y Compañía,  un bolívar con cincuenta céntimos  (1,50) por compra de una escoba para el mercado municipal;  a Rafael Sigler, quien en la población se desempeñó como proyector de películas  del llamado cine mudo, mantuvo una colección de teléfonos y en los últimos días de su vida reparaba relojes,  tres (3) bolívares, por reparación de una regadera;  a Isidoro  “Cubano” García, conocido, al lado de Quintín Vicente González, como locutores de la emisora La Voz del Éter, fundada por Gustavo Graterol,  sesenta y cuatro (64) bolívares por sesenta y cuatro (64) tubos para instalación de agua en el parque Elías Calixto Pompa y a Pablo Antero Muñoz, respetado comerciante de la zona, veintiuno (21) bolívares  por compra de hierro y cemento para el matadero y acueducto.

Rotundo éxito teatral en Guatire

A comienzo del siglo XX, en sus primeros años, en Guatire se destacaron como actores de teatro un grupo de jóvenes, presentando sus obras en el famoso teatro Apolo, creación del general Antero Muñoz, figura de destacada actuación en el quehacer cultural, social y político en Villa Heroica. Entre las prometedoras figuras se encontraban  Delfín García Balba, Isidoro Emilio Gámez Sosa, Francisco Antonio Palacios, Régulo Rico, Vicente Emilio Sojo, Claudio Rico. Entre las obras montadas por esos inquietos muchachos, se recuerda “Una limosna por Dios”, donde Claudio Rico hizo el ppel de mendigo, alcanzando un rotundo éxito, pidiendo el público asistente se repitiera la obra.

El periodista Luis Patiño Antich recordaba que la expresada obra obtuvo un éxito rotundo y a petición del numeroso público que se dio cita al estreno, obligó a los actores a hacer de ella posteriores representaciones. Los noveles artistas comenzaron a recibir clases de música de su compañero Régulo Rico, lo cual le permitió fundar una banda local y establecer las retretas dominicales en el pueblo. Esa agrupación se conoció como Unión Filarmónica, iniciando sus actividades al año siguiente de ser sacudida la población de Santa Cruz de Pacairigua y Guatire, por un violento terremoto en el mes de octubre de 1900. La descripción de  este movimiento sísmico la hace el periodista, músico y jurista José María Fránquiz Jiménez en su obra “Un pueblo en ruinas”.      

Prensador de camas y catres

Por los dominios de San Agustín del Sur,  zona muy popular de Caracas, donde sus habitantes asistían a salas de cine Veracruz, situada en la Vuelta del Casquillo, el Victoria y el Alameda, se movió, eso nos informaron Raimundo Mijares, Luisa Pacheco e Iliana Urbina, el prensador de catres y camas, oficio que cumplió dicho personaje, nacido en Barlovento, por espacio de muchos años en toda Caracas, actividad que desarrolló, de acuerdo a nuestros informantes, entre los años de 1945 y 1954, cobrando por su trabajo, por cada prensada sumas que iban entre cinco bolívares, tres cincuenta y dos cincuenta, de acuerdo con el tamaño de la cama y el catre, lo que cumplía empleando alambre. Este respetado y querido trabajador, siempre llevaba un rollo de alambre debajo del brazo y un alicate, elementos que le permitían cumplir con su trabajo cuando era llamado por alguna familia.

En esos años, cuando se movía el popular prensador, las camas que más abundaban en los cuartos de las viviendas, el lecho estaba elaborado con alambres, los  cuales, de acuerdo con el uso se iban estirando, convirtiéndose la cama en una especie de chinchorro, imposibilitando un reparador sueño. Algo parecido sucedía con el catre que, al aflojarse la lona, el mismo tomaba la forma de un hueco, se hundía. Por cierto, el catre,  elaborado con  lona muy resistente, se  recogía después que la persona se levantaba, colocándose en un rincón de la casa. Quien escribe recuerda que mi abuela materna, María Sánchez, comadrona y  yerbatera  de larga trayectoria en Araira y Guatire, mantuvo, por largos años, un catre para dormir.  Al buscar la definición de catre en el Diccionario del habla actual del venezolano, redactado por Rocío Núñez y  Francisco Javier Pérez, se señala que  el catre tiene un lecho de tela y una armazón compuesta de dos largueros y cuatro pies cruzados en aspa, sujetos por una clavija para poderlo plegar. Definición parecida nos ofrece el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua.

El pequeño tren de Carenero

En viejos informes económicos existentes en bibliotecas y archivos, se señala que para los años de 1919 y 1920, en Venezuela existían  1.039 kilómetros de líneas férreas. funcionaba los ferrocarriles Caracas - Valencia; Tucacas - Barquisimeto; la Ceiba - Motatán; Caracas - San Francisco de Yare - Ocumare del Tuy; Carenero - La Española de el Guapo. También se efectuaban recorridos vía  férrea Caracas - Los Chorros - Petare; Caracas – Antímano - Las Adjuntas - Los Teques. En su recorrido el Ferrocrril Central de Venezuela, mantenía estaciones en Caracas, Sabana Grande, Chacao, Dos Caminos, Petare, El Encantado, La Lira, Tusmare, La Envidia, Los Mangos, Arenaza, Pichao, Boca de Siquire, Santa Lucía, Soapire, Santa Teresa, San Francisco de Yare.

El  Ferrocarril de Carenero, que poseía vagones para carga y pasajeros se desplazaba desde el puerto hacia Higuerote, Paparo, Río Chico, San José de Barlovento, El Cristo, La Española de El Guapo. El primer tramo de esta línea ferrocarrilera fue inaugurado el 25 de diciembre de 1885 y más tardes los siguientes. Este medio de transporte se utilizaba para mercancías, cacao y otros renglones agrícolas y pasajeros. Se sabe que el paludismo estuvo a punto  de terminar en forma definitiva con el proyecto, el cual se pensaba extender hasta los dominios de los estados Guárico y Aragua. El contrato para el tendido de los rieles del Ferrocarril Barloventeño, lo había firmado el ciudadano Puig Ros, quien luego se lo otorga a la Compañía Fluvial y Marítima de Barlovento, siendo su último propietario el señor Crassus, empresario que también poseía una buena flota de embarcaciones que navegaban entre Carenero, La Guaira y el oriente del país. El trazado de esta importante vía de comunicación, contemplaba la colocación de setenta y dos (72) puentes en un radio de acción de cincuenta y cuatro (54) kilómetros y medio. Hasta hace pocos años se podían observar las ruinas de los depósitos en Carenero y de algunas de sus estaciones.  

             Historia Menuda XVIII

Ña Telésfora

Dentro de los muchos personajes que se movieron en esa Caracas que se marchó, como lo recordara Alfredo Cortina, se recuerda a Ña Telésfora, famosa cocinera, especializada en la elaboración de mondongos - por eso se  le identificaba como la  mondonguera -  con su puesto en el mercado hacia donde se daban cita muchos comensales, en solicitud de una buena totuma de lo que salía de los fogones  de tan respetada señora. El escritor José Eustoquio Machado, autor, entre otras obras, como “Cancionero  Popular Venezolano”, “Contribución al Folklore Venezolano”, “Centón Lírico”, “Viejos Cantos y Viejos Cantores”, en una de sus bien aliñadas crónicas,  describe  a Ña Telésfora, como maestra insigne en la confección de olletas y mondongos, sin dejar de señalar los gofios y las conservas de Agustina; las frutas de Serafín y de Julio Carmona; el carato y el majarete de Casilda; las tostadas de El gato negro y El brinco y el guarapo de José Jesús. Nuestro guía arriba señalado, nos informa que cuando él conoció a Ña Telésfora ya era una  mujer de unos sesenta (60) años, obesa, pulcramente vestida con camisa, fután y paño, cómodamente  calzada con zapatos de tela, en su puesto del viejo mercado de San Jacinto, hasta donde llegaban los compradores, como el pesador de carne del mercado a comprar un real de mondongo para el desayuno y al ver que la ración no llenaba sus expectativas, le reclamó a la famosa cocinera que faltaba llenar su totuma. Telésfora no cedió, no le colocó lo que el cliente reclamaba. Al día siguiente, tal como lo narra el historiador antes citado, el carnicero se presentó solicitando su plato preferido, pero no llevó la acostumbrada escudilla, sino que se presentó con una imponente bacinilla de peltre, solicitando,  no uno, sino dos reales de mondongo. Ña Telésfora al mirar el envase le soltó: ¿En  esa porquería? Y el cliente sin mover un músculo de la cara le respondió: Sí, señora, en esa porquería. Ña Telésfora sirvió el suculento y revitalizador plato. El comprador al ver el humeante condumio, se quejó que era muy poquito por el dineral que estaba pagando, y como Ña Telésfora no le daba más, entonces el comensal muy serio y decidido le soltó, dispuesto a hacerlo: Si no me da lo que falta, se lo echo en la olla; Ña Telesfora muy sorprendida, y viendo que el hombre estaba decidido a volcar el contenido de la bacinilla en la olla donde se encontraba el resto del aromático y bien aliñado mondongo, decidió llenarle la escarapelada bacinilla. El comprador, muy alegre, abandonó el negocio de inmediato, marchándose a saborear el delicioso mondongo.

Médico y cantante, Ortiz Tirado en Los Teques

Para el año de 1916 funcionaba en Los Teques, todavía no había sido elevada la población  a capital del estado Miranda, el teatro López, situado en la céntrica calle Guaicaipuro, obra de las inquietudes del señor Juan  María López. En ese local se proyectaban películas, se montaban obras de teatro, musicales y veladas benéficas. Por allí pasaron figuras como Alfredo Cortina, Teófilo León, Evencio Castellanos, Pedro Antonio Ríos Reyna, Susana De Lyon Paván, Lorenzo Herrera, Andrés Eloy Blanco, Rafael Guinand, Antonio Saavedra, Daniel Izquierdo, Ana Julia Rojas y el gran cantante mexicano Ortiz Tirado. Nombres que con el correr de los años alcanzaron figuración en el universo del arte, dentro y fuera del país.

El conocido cronista tequeño Luis Enrique Luna, al recordar la actuación de Ortiz Tirado en Los Teques, señala que los asistentes, muchísima gente, disfrutaron de una velada de canciones líricas, tonadas románticas y sentimentales. Un notable acontecimiento fue la presencia y la actuación del afamado cantante mexicano en Los Teques. Ortiz Tirado había nacido en el estado de Sonora, México, el 24 de enero de 1893 y muere en ciudad de México el 7 de septiembre de 1960. Desde muy joven se siente atraído por el canto y la medicina. Al graduarse de médico se desempeña como catedrático en la Universidad Autónoma de México. Dentro de su profesión se especializó en ortopedia y cirugía reconstructiva, lo cual le permitió intervenir quirúrgicamente a dos destacadas figuras del arte y de la música mexicana como la pintora Frida Kahlo, esposa del muralista Diego Rivera en su aparatoso accidente de tránsito y al compositor Agustín Lara a quien operó y le hizo una cirugía reconstructiva en la cara,  producto de una cortaba recibida en un bar. Al perfeccionar su voz de tenor natural, gracias a las enseñanzas del maestro José Pierson, se dedicó a recorrer, ofreciendo conciertos en  Centroamérica, Sudamérica, Estados Unidos y Europa, logrando grandes éxitos en cada una  de sus  presentaciones.

En lo relacionado a las condiciones artísticas y vocales de Ortiz Tirado, la crítica de la época, señalaba que su dulce voz y sus numerosos discos fonográficos fueron siempre altamente apreciados en todo el ámbito hispanohablante. Al consultar los daros biográficos de tan destacado artista, se señala que en  homenaje  a lo que él significó en el canto, en su estado natal se celebra, desde 1984 un festival musical-artístico en su nombre. A Ortiz Tirado se le identificó como el embajador lírico de la canción mexicana. Muchos aplausos cosechó Ortiz Tirado en los teatros donde se presentó, entre ellos como ya hemos señalado el teatro López de Los Teques, interpretando composiciones como Muñequita linda, Tu partida, Oración Caribe, Llanto de amor, Granada, Adiós mariquita linda, Peregrino de amor, Farolito, Palmera, Clavel del aire, Cabellera blanca, Rosa, Virgen de la Macarena, Campanas de mi tierra, Cantar lejano, Amapola, Júrame, Lamento gitano, Las perlas de tu boca, canción que dice en una de sus estrofas, así:

Esas perlas que tu guardas con cuidado en tan lindo estuche de peluche rojo

Me provocan, nena mía, loco antojo, de contarlas beso a beso enamorado

Quiero verlas cómo chocan con tu risa

Quiero verlas alegrar con ansias locas;

Para luego arrodillarme ante tu boca

Y pedirte de limosna… una sonrisa.

 

Alfonzo Ortiz Tirado está ubicado entre los grandes intérpretes de boleros del siglo XX. Para la época cuando Ortiz Tirado paseaba su voz por distintos escenarios del mundo, también se escuchaban las interpretaciones de Juan Arvizu, Tito Guizar, René Cabell, Miguelito Valdés, Barbarito Diez, Chucho Martínez Gil, Toña La Negra, Elvira Ríos, Pedro Vargas, Ramón Armengod, Eva Garza, María Luisa Landín, Néstor Chaire.

Una gran actriz: Emma Soler

Ignacia Villasana, mejor conocida en el mundo teatral como Emma Soler, nació en la población mirandina de Cúa, el 8 de julio de 1868, espacio donde también vieron la luz el general José María Carreño, el  genial pintor Cristóbal Rojas y  Ezequiel Zamora. Emma Soler va a morir, el 6 de octubre de 1916, cuando cruzaba los cuarenta y ocho (48) años. En las investigaciones sobre la historia  del teatro en nuestro país, cuando se nombra a Emma Soler, se señala que sus actuaciones las comenzó siendo muy joven. El escritor Carlos Salas, en su obra “Historia del teatro en Caracas”, dice que Emma Soler comenzó a presentarse en plazas públicas y en los teatros de corral, donde eran representados cuadros vivos y nacimientos.  Cuando corrían los meses el año de 1881 se le ve como integrante de la Compañía Infantil, fundada por el maestro José Ángel Montero, para luego pasar, en 1887, a la Compañía Americana, del gran actor Teófilo Leal. Su figura logro un resonante éxito en Maracaibo como integrante de la Compañía de Enrique Terradas, actuando en obras escrita por el conocido poeta Udón Pérez, a partir de allí se le conocerá como primera dama del teatro nacional. En gira efectuada por Puerto Rico logró la aceptación del público y al respecto nuestro guía Don Carlos Salas, con quien hablé muchas veces, mientras lo atendía en la Biblioteca Nacional, localizándole periódicos, revistas, folletos y libros, requeridos para sus investigaciones, acerca de las grandes temporadas artísticas de nuestros teatros Municipal y Nacional,  refiere que Emma Soler se presentó en esa isla con un grupo de actores y actrices, presentando el drama “Tierra baja”, de Guimará.

Les dejó a continuación la pincelada trazada por Don Carlos Salas sobre nuestra celebrada actriz y su extraordinaria capacidad histriónica, plasmada en su densa investigación “Historia del teatro en Caracas”:

 De una inspiración extraordinaria, sabía dar a cada papel el valor justo y adecuado, por insignificante que fuera: por ello llegó a interpretar el género lírico o dramático con soltura y dominio, pues lo mismo hacía la primera tiple  de zarzuela, que la primera actriz de los dramas de Echegaray o Dicenta o de algún autor venezolano; así, un día hacía la Margarita de El anillo de hierro o el Roberto de La tempestad o la Inés o el Don Juan de la célebre obra de Zorrilla, o la Rosa, de Juan José.

Esta polifacética actriz, tal como la pinta Don Carlos Salas, no se detenía para hacerle frente al reto. Siempre salió airosa de los compromisos asumidos sobre las tablas. Su figura se paseo por los teatros Municipal, Caracas, el Follies Dramátique, entre otros. El cambio de nombre de Ignacia Villasana por el artístico de Emma Soler fue idea de Gabriel Aramburo, fundador, conjuntamente con el maestro José Ángel Montero de la Compañía Infantil Venezuela. El principal teatro de la ciudad de Los Teques, lleva su nombre

La  Cucarachita Martina, Mandinga  y el Caballito del Diablo

Juan Pablo Sojo, músico, ensayista, poeta, periodista, cuentista, dramaturgo, novelista, folklorista, hijo de la Villa de Curiepe, espacio geográfico de Barlovento donde nació el 23 de diciembre de 1907, falleció  en Caracas el 8 de octubre de 1948, cuando apenas cruzaba los 41  años de edad y en plena producción intelectual, en uno de sus muchos trabajos de investigación sobre el folklore de nuestro país,  nos dice que a la conocida Cucarachita Martina o Martínez, en sus orígenes se llamaba Cucarachita Mandinga, que para los hijos de Barlovento ese “apellido” es  igual a Diablo. Por cierto los pueblos caribe, en nota que hemos leído por allí, le decían al diablo Tiguitigui. Con el diablo está ligada una popular sentencia que reza “se lo llevó Mandinga”. Mandinga es voz que nos llegó desde África a través de los negros esclavos y significa persona que tiene mal carácter, endiablada, pervertida, revoltosa y también puede ser un negro rechoncho y feo. Por los dominios de Cumanacoa, estado Sucre, existe una oración, relacionada con lo antes escrito, producto de la cultura afro-venezolana, que reza así: “Con esta ramita/ voy a santiguá/ al negro Mandinga/ pa su alma salvá”. Quien dice la oración, conocido como santiguador, deja escapar humo de un tabaco, mientras que le pasa una ramita de albahaca por el cuerpo de la persona que se somete al tratamiento.

En el centro del país se conoce un insecto con el nombre de Caballito del Diablo, mientras que en el estado Falcón se identifica como Caballito de Mandinga, el cual al ser atacado, así lo reseña el escritor Luis Arturo Domínguez, despide un olor muy repugnante. Ese caballito mata las arañas para dejar en ellas sus huevos y al nacer los hijos, estos se comen a las arañas y así permanecen o sobreviven.  Las notas de Juan Liscano, Juan Pablo Sojo, Miguel Acosta Saignes, Jesús “Chucho” García, nos dicen que existe un pueblo que se llama Mandinga en África. En la novela Cantaclaro del maestro Rómulo Gallegos, cuando a uno de los personajes le comunican que el mentiroso no es otro sino el mismo Diablo, exclamó: “¡Arrenuncio! ¡Mandinga en mi casa! Ya le voy a está haciendo la cruz a la silla ande lo mandé a sentarse…”.  Entre los muchos nombres con los cuales se identifica al diablo, Juan Pablo Sojo nombra los de El sucio, Patateta, Perrosucio, El malo, Mengue, Muchinga. También hemos oído lo de Caplán, Juan Garabito, El maligno. El novelista Gabriel García Márquez, premio Nobel de literatura, en su obra “El general en su laberinto”, coloca en boca del Libertador, el nombre de Caplán, en conversación sostenida mientras navegaba a través del río Magdalena rumbo a Santa Marta, donde muere, en la quinta San Pedro Alejandrino el 17 de diciembre de 1830. 

En un sabroso cuento, “La periquita Julieta”, escrito por Antonio Arráiz, hijo de Barquisimeto, autor del poemario “Áspero” y primer director del diario El Nacional, los personajes son todos animales,  el Caballito del Diablo es uno de ellos y es considerado el alumno más admirado del plantel, donde se encuentran entre sus compañeros de aula el araguato, el curruñatá, la ardita, la paraulata, la mariposa, la iguana, la tara, la pipa. La admiración por el “Caballito del Diablo” se centraba porque era el líder de los movimientos estudiantiles y en una de sus faenas organizó una huelga contra el paují de copete, encargado de dictar la cátedra de francés  y con ideas no del todo democráticas. “El Caballito del Diablo”, como se lee en el cuento del admirado Antonio Arráiz, era además, el caudillo de todos los movimientos estudiantiles. En esa agradable narración, salida de la clara mente de Antonio Arráiz, del “Caballito del Diablo” se habían enamorado las Mariposas Pavón y de Cola, la Tara, la Ardita, las siete hermanas Acuritas, pero él se moría de amor por la Culebrita Coral, estudiante de química.  Si tienen oportunidad, lean este hermoso cuento de animalitos estudiantes.

Historia Menuda XIX

Y el Presidente…  no se disgustó

A continuación les dejamos unas sabrosas anécdotas donde el  actor principal es Carlos Soublette, gobernante tolerante, demócrata y comprensivo, quien ejerció la presidencia de Venezuela entre los años 1843 - 1845. Las iniciamos con el actor cómico catalán Francisco Robreño, quien escenificó varias obras en el Coliseo de Caracas. Corría el año de 1837 cuando la compañía del artista ya nombrado monta la obra “Excelentísimo Señor”, donde, de acuerdo a los comentarios de la época, se burlaba del presidente Soublette. El primer magistrado le ordenó a Francisco Robreño así lo recogen los estudiosos de la materia teatral de nuestro país,  que se presentara a su despacho con los originales de la obra y, al conocer el contenido de la misma, el presidente le comunicó al artista lo siguiente:

Efectivamente, veo que usted se burla un poco de mí, pero  no está mal: yo esperaba algo peor. VENEZUELA NO SE HA PERDIDO, NI SE PERDERÁ NUNCA, PORQUE UN CIUDADANO SE BURLE DEL PRESIDENTE. VENEZUELA SE PERDERÁ CUANDO UN PRESIDENTE  SE BURLE DE LOS CIUDADANOS (Mayúsculas nuestras).

Carlos Soublette, quien nació en La Guaira el 15 de diciembre de 1789, desempeñó el cargo de Presidente de la República con reconocida honestidad y, al fallecer en Caracas el 11 de febrero de 1870, no dejó bienes de fortuna. Durante su gestión el país gozó de una gran apertura democrática y de libertad de prensa.

A continuación seguimos con otros relatos.

De Carlos Soublette se dice que era muy enamorado, no faltándole unas cuantas “amiguitas”. Su esposa Olaya Buroz y Tovar, estaba muy enterada de las infidelidades de su marido. Por cierto, Carlos Soublette llamaba a su mujer la urraca. En una oportunidad, a pesar de lo tolerante de la señora de Soublette, llegó a manifestar, acerca de los amoríos del presidente: “Mi esposo es un conquistador de quincalla: disciplinado como es, en sus constantes infidelidades se cree autorizado para cometerlas por el ejemplo de Bolívar en Colombia y de Páez en Venezuela.”.

Otra de las simpáticas leyendas donde el nombre de Carlos Soublette ocupa sitial de honor, la narra el historiador Antonio Reyes en su obra “Cuando el marido es el Presidente” y, la misma se refiere cuando el Presidente Soublette llegó a su casa a altas horas de la madrugada, ante este retraso Doña Olaya mandó a cerrar todas las puertas de entrada a la residencia la cual estaba situada entre las esquinas de  Pelota y Punceres. Ante esta situación el Presidente trasnochador no podía entrar a su residencia, viéndose en la necesidad de llamar con estrépito y violencia, pensamos nosotros, expresiones como ¡abran la puerta, abran la puerta!  Al escuchar semejante escándalo, la primera dama desde el interior de la residencia preguntó: “—¿Quién es?  Recibiendo como respuesta, ¡el general Soublette!, a lo que doña Olaya respondió: -- impostor, el general Soublette es un hombre serio y se encuentra durmiendo desde las once de la noche”. Así son las cosas, como diría Oscar Yanes, conocido entre sus amigos como El chivo. 

Andrés Eloy Blanco. Actor

Nuestro gran Andrés Eloy Blanco, poeta, orador,  ensayista, humorista, internacionalista, político,  nació en la heroica Cumaná el 6 de agosto de1896, cuando el país estaba bajo las riendas del caudillo Joaquín Crespo. Sus estudios los cumple entre su ciudad natal y Caracas. En la capital de la República se le verá como alumno del Liceo Caracas, bajo la luminosa conducción de los educadores Luis Ezpelosín y Rómulo Gallegos y,  al obtener el título de bachiller pasa a la universidad, situada en su vieja sede entre Bolsa y San Francisco, donde se gradúa  de doctor en Ciencias Políticas y Sociales, de  abogado en 1918. Desde muy joven comienza a cosechar éxitos literarios. En la nota que leerán a continuación, trataremos una faceta, de las muchas que adornaron al poeta, muy poco conocida, como fue la de actor.

Su nombre comenzará a brillar internacionalmente, a partir de 1923, cuando obtiene el primer premio del concurso abierto por la Real Academia Española de la Lengua, con su famoso “Canto a España”, el cual envió firmado con el seudónimo Ave María. Se opuso al régimen despótico de Juan Vicente Gómez y apoyó a los jóvenes estudiantes integrantes de la generación del veinti y ocho (28), en sus protestas contra la dictadura. Fue detenido y enviado a la tétrica cárcel de La Rotunda y luego al castillo de Puerto Cabello. A pesar de las torturas, de los grillos y de los años encerrado en los fétidos calabozos de las cárceles gomecistas antes nombradas, Andrés Eloy no guardó odio contra sus torturadores. Al morir Juan Vicente Gómez el 17 de diciembre de 1935, Andrés Eloy se incorpora a las organizaciones que buscaban abrir los caminos hacia la democracia, militando en el Partido Democrático Nacional y en Acción Democrática, colaborando en medios de comunicación escritos, divulgando ideas que le permitieran al pueblo empinarse hacia otros estadios. Entre sus obras más importantes se encuentran “Tierras que me oyeron”, “Barco de piedra”, “Malvina recobrada”, “Abigaíl”, “Baedeker 2000”, “Poda”.

Dentro de las muchas inquietudes de Andrés Eloy Blanco en el universo de la cultura, está su amor por el teatro, actividad que desarrolló bajo las orientaciones  del conocido pedagogo Guillermo Fernández de Arcila, en la Escuela de Actuación y Declamación, donde también curso estudio la destacada actriz Anna Julia Rojas. Siendo alumno de la escuela ya nombrada se le verá actuando en el teatro Municipal, en las obras “Hechizo de amor”, de Martínez Sierra y en “La pena”, de los Hermanos Álvarez Quintero, donde tendrá como compañeros de actuación a María Isabel Witzki, Anna Julia Rojas, Pedro Centeno Vallenilla.

Su figura se vio en el drama “La cena de los cardenales”, del dramaturgo portugués Julio Dantas, donde compartió responsabilidades con el poeta Francisco Villaespesa, como Cardenal Rufo; Emiliano Ramírez Ángel, en el papel del Cardenal Gonzaga y Andrés Eloy Blanco en la personificación del Cardenal Montmorency. En el montaje de esta pieza también figuraron Guillermo Austria, Jacinto Fombona y Francisco Caballero Mejías. En su condición de actor de teatro a Andrés Eloy Blanco se le vio actuando, en funciones íntimas, en el jardín de la residencia de la familia Zuloaga en la urbanización El Paraíso, escenificando “El Cristo de las violetas”, acompañado de Elisa Elvira Zuloaga. En 1926 se le ve actuando en el sainete  en verso “Alfil toma dama”, escrito por él.

Quiso ser actor de cine y aviador

El escritor, periodista, ensayista, novelista, poeta, Antonio Arráiz, hijo de Barquisimeto, la ciudad de los crepúsculos, lugar donde nació el 27 de marzo de 1903. En su ajetreo como escritor dejó, como riqueza de la bibliografía nacional, “Áspero”, poemario;  “Parsimonia”, poesía; “Cinco sinfonías”, poemas; “Todos iban desorientados”, novela;  “Dámaso Velásquez, Suma poética”, poesía;  “De la felicidad del canto”, poemas; “Los días de la ira”. “Las guerras civiles de Venezuela desde 1830 a 1903”  y los cuentos “Tío tigre y tío conejo”, “El diablo que perdió el alma”, y “Oswaldo”.

Antonio Arráiz será el primer director del diario El Nacional, periódico fundado por Miguel Otero Silva y el padre de éste Henrique Otero Vizcarrondo. Cuando estallan las protestas encabezadas por los estudiantes universitarios en el carnaval de 1928, Antonio Arráiz, sin ser estudiante, se une a esa histórica juventud en sus acciones de calle contra el régimen del dictador Juan Vicente Gómez. Fue encarcelado y torturado en los calabozos de La Rotunda, en el Cuartel de El Cuño, en el castillo de Puerto Cabello. Permaneció preso desde 1928 hasta 1935. Estuvo exiliado en Colombia y Ecuador. Por su narración “Los lunares de la virreina”, el diario La Prensa, de Buenos Aires, le otorgó el premio internacional de cuentos y ocupó el segundo lugar en el concurso latinoamericano de novela  en 1951.

Como dato curioso en la vida de Antonio Arráiz, se encuentra el querer ser actor de cine y aviador, lo que lo llevó, con unos pocos dólares, viajar a los Estados Unidos de Norteamérica en la búsqueda de esos objetivos, contaba  apenas diez y seis (16) años, metas que no logró, lo que lo obligó, para poder sobrevivir, a realizar fuertes trabajos como limpiador de  alfombras, obrero  en una fábrica de telas, en un astillero y en una fábrica de galletas. Cuenta Juan Liscano en “Lecturas de poetas y poesía”, trabajo que nos ha servido de orientación para hilar esta nota, que por  carecer de recursos, encontrándose en los Estados Unidos, hacia donde se trasladó buscando brillar en la pantalla grande o pilotando  aviones, al no alcanzar lo que buscaba Antonio Arráiz tuvo que dormir en los bancos de Central Park, en secciones de tuberías en construcción, en el metro. Estas informaciones hizo pensar a muchos venezolanos que el compositor  Luis Fragachán se había inspirado en esa pesadilla que atravesó Arráiz en los Estados Unidos, para producir “El Norte es una quimera”, que en  sus inicios dice así:

Me fui para Nueva York, en busca de unos centavos

Y he regresado a Caracas como fuete de arrear pavo

El norte es una quimera, qué atrocidad

Y dicen que allá se vive como un pachá

Ay, Nueva York, no me halagas con el oro,

Tu ley seca la rechazo, no me agrada y la deploro

A Nueva York, yo no, no voy

Allá no hay vino, no hay berros ni hay amor.

No vuelvo pa´Nueva York, lo juro por San Andrés

No me gusta hablar hablar inglés ni montar en ascensor.

Dos años duró la aventura del futuro periodista y escritor en tierras del Tío Sam. Ya en Caracas, para los años 1923 a 1928, trabajó como jefe de propaganda de la empresa que administraba los cines Rialto, Rívoli  y Ayacucho en Caracas.  Otro dato interesante en la vida del intelectual Antonio Arráiz, fue su amor por el futbol y esgrima. A este virtuoso intelectual, quien muere en Estados Unidos el 16 de septiembre de 1962, le atendimos llamadas telefónicas en la Biblioteca Nacional cuando solicitaba información sobre historia y literatura, lo mismo hacía el amigo Don Erasmo Colina en la Academia de la Historia. 

El burro no es casao

En las páginas de la obra “Estampas del Bailadores de Antaño”, del cronista José Parada, nos encontramos con una nota, donde un burro, una señora y un cura, son los actores principales de la nota que se publica en una de las crónicas escritas por Parada, donde se lee:

Cuéntase que al frente de la casa cural, una mujer se detuvo a conversar con una conocida y, en un descuido, el burro se metió en el zaguán de la casa pues la puerta estaba abierta. El Padre Galaviz salió buscando al dueño del animal al tiempo que la señora, apenada, se disponía a cruzar el pasillo para recuperar a su bestia: --Oiga, “--¿ usted es la señora del burro? –No, Padre, respondió la noble mujer, el burro no es casao.

Y ya que recordamos al burro, les dejamos “Pequeño canto al burro”, homenaje que le obsequia el  gran poeta y humorista Aquiles Nazoa, a tan noble animal, el cual no debe faltar al lado de la mula y el buey en los nacimientos, como recuerdo que sobre uno llegó María a Belén y sobre otro hizo su entrada triunfal Jesús a Jerusalén:

Feliz tú que, callado,/ miras cómo la vida se desliza,/ y si el arriero airado/ unos palos te atiza/ soportas en silencio tu paliza./ Para más de un idiota/ tu nombre constituye un serio agravio/ y casi nadie nota/ que pese a tal resabio,/ más vale un burro bueno que un mal sabio/.

Con el burro marchan, sin pertenecer a la milicia, una cantidad de expresiones, muchas de ellas recogidas en el Diccionario de venezolanismos, publicado bajo la dirección de la eduadora y escritora María Josefina Tejera, como los que a continuación les dejamos:

Burro amarrado, leña segura, expresa que para lograr algo o conseguir buenos resultados, hay que hacer las cosas con confianza; Burro campanero, el que sirve de guía al arreo; Burro coticero,  el que arrastras los cascos delanteros; Burro embarcado, se le dice a la persona que está muy seria;  Burro tusero, animal apartado del arreo el cual permanece en el corral comiendo tusas y también se le dice a las personas viejas sin capacidad para producir: La hora del burro, cuando tiempo está para ir a la cama, para hacer la siesta; Una cosa piensa el burro y otra quien lo enjalma o lo monta. Existe también el burro hechor, el padrote que sirve para obtener machos y mulas y el burro mocho, considerado el flojo, el cansado.  

             

Historia Menuda XX

Cementerios Caraqueños

Antes de la apertura del cementerio general del sur, en Caracas existieron otros camposantos, señalados por el historiador Manuel Landaeta Rosales en su estudio “Los cementerios de Caracas” desde 1567 hasta 1906,  investigación que hemos tomado como referencia  en la elaboración de la presente nota. Este notable hijo de Caracas, ciudad donde nació en 1847 y donde muere en 1920, tiene dentro de su amplia bibliografía obras como  “Gran recopilación geográfica, estadística e histórica de Venezuela”, “Recopilación de las leyes de Venezuela”, “Historia militar y política  del General Joaquín Crespo”, “Documentos del General Cipriano Castro”, “Libertad de los esclavos en Venezuela”, “Banderas y divisas usadas en Venezuela”, “Gobiernos de Venezuela desde 1810 hasta 1905”, “Estatuas y pilas antiguas de Caracas”, “La Batalla de Carabobo”, entre muchas otras de obligada consulta para investigadores de nuestro proceso histórico, militar y político.  Señala Landaeta Rosales que al ser fundada Caracas por Diego de Losada, los cadáveres  se enterraban en la parte central de la pequeña población y cerca de los templos que se iban levantando para ofrecer los oficios religiosos, como los de San Mauricio, San Pablo,  Catedral, Altagracia, Santa Rosalía, Candelaria.

Otros Huertos del Señor, como también identificaban a los cementerios, se localizaban al lado de los primeros conventos, entre ellos San Jacinto, San Francisco, Las Mercedes, San Felipe y Capuchinos, donde se enterraban a los integrantes de esas órdenes religiosas y también algunos particulares. Asimismo se señala en la obra de Manuel Landaeta Rosales, que los monasterios de monjas como Concepciones, Las Carmelitas y las Dominicas, mantenían sus respectivos cementerios. Los lazaretos que existían en Caracas, mantenían sus terrenos con sus respectivas fosas. Otros cementerios señalados en la obra consultada eran el del Empedrado, en la vía hacia Antímano; el del Este, terreno que pasó al ser clausurado a la hacienda El Conde; el de la Cofradía de San Pedro o de los Canónigos;  el de los Ingleses, donde se sepultaban a los nacidos en Inglaterra; el de los Virulentos, muertos por la epidemia de viruela, situado entre San José y Candelaria; el de los Alemanes, el cual quedaba frente al de los ingleses y hasta donde eran llevados los hijos de Alemania que morían en Caracas;  el de los Coléricos, hacia donde se trasladaban los cadáveres de los atacados por cólera entre los años de 1855 y 1856, situado al fondo del hospital Vargas; el de Los Hijos de Dios, que iba desde el puente del  guanábano hacia arriba;  el de San Simón, en los terrenos donde luego se edificó el hospital Vargas y cerca de allí el de Las Mercedes.

Al ser edificado el Hospital Militar en Catia, obra del  General Presidente Juan Crisóstomo Falcón,  se trazó un camposanto hacia donde iban los de uniforme que fallecían en esa institución hospitalaria y para 1874 la iglesia de la Santísima Trinidad es convertida en panteón, cementerio de ciudadanos eminentes. Dos años después, en 1876, el presidente Antonio Guzmán Blanco inaugura el Cementerio General del Sur. El primer difunto enterrado allí fue  Bonifacio Flores, 10 de de julio del año de apertura, era integrante de la banda de música de Caracas y ese mismo día recibieron sepultura el general Guillermo Goiticoa y José Conrado Olivares.

Otros datos que nos ofrece el investigador y escritor Manuel Landaeta Rosales, se refieren a la atención que para 1849, daba la agencia funeraria de Antonio Echaiz y sobre la instrucción del primer carro fúnebre por el señor José Giraldez. Se nos escapaba, en lo relacionado con los camposantos que, de acuerdo a comentarios de familiares, al Cementerio General del Sur lo identificaban en sus inicios como Tierra de Jugo, dado que así se llamaba el sector en Caracas donde funcionaba el cementerio que luego fue trasladado e inaugurado por Guzmán Blanco. En éste, ahora, maltratado y súper descuidado Cementerio General del Sur, dudamos que nuestros difuntos descansen en paz, dado la frecuencia con que se profanan las tumbas para ejercicios de santerías y otras prácticas endemoniadas.

Los tuertos y los chingos

Es creencia en nuestro país que, si al salir de su hogar usted se encuentra con un tuerto, eso le traerá mala suerte durante todo el día.  Ahora bien, cuenta el historiador Don Arístides Rojas en su “Crónica de Caracas”, que Ramón Ignacio Méndez, arzobispo de Caracas y Venezuela  era tuerto y también tenía ese defecto visual  el doctor Suárez, Provisor y Deán, quien tuvo que encargarse del arzobispado cuando monseñor Méndez es expulsado del país. El arzobispo Ramón Ignacio Méndez ilustre representante de la iglesia católica, se encuentra entre los firmantes del acta de nuestra independencia en 1811, hizo campaña en los Llanos al lado de José Antonio Páez, asistiendo a históricas batallas, asistió al soberano Congreso de Angostura en 1819 y al Constituyente de Cúcuta, ocupó la silla arzobispal de Caracas el año de 1828, expulsado de Venezuela en varias ocasiones, va a morir en Bogotá en 1839. 

A lo de los dos tuertos se une, la colocación de un farol, el primero de la época, en un ángulo exterior de la obispalía, el cual no se sabe si por apresuramiento o porque el encargado de la colocación le faltaba un ojo, el mismo  había quedado tuerto, lo que dio pie para que una mano anónima, diestra en escribir salidas humorísticas, colocara en una de las paredes del Palacio Arzobispal, la siguiente composición: “/Tuerta la ventana,/tuerto el farol,/ tuerto el Arzobispo/ tuerto el Provisor/”. A lo ya escrito, otra mano, posiblemente peluda, le agregó, para rematar la faena lo de: “Y tuertos los vecinos del rededor”/               

Y como de obispos estamos hablando, viene a colación  otro obispo, Diez Madroñero, quien prohibió durante su gestión religiosa, todo tipo de festividades, aplicándoles a los caraqueños el deber de rezar y nada de carnaval, nada de bailes, de fandangos,  mochilera, zarambeques, danza de monos, contradanzas, nada de jueguitos de mano y menos jugar con betún y harina. También mando al pote de la basura juegos como pico-pico y escondido. Durante su ejercicio al frente del arzobispado las familias caraqueñas se olvidaron de festejos callejeros y los días de carnaval se sustituyeron por procesiones y, como lo escribiera el músico Aldemaro Romero, los caraqueños cambiaron el engrudo y la escudilla por el rosario y el catecismo. El mismo maestro Aldemaro Romero agregaría que, a la muerte del obispo, surge la reacción, y el entusiasmo contenido de diez años de abstención  se volcó de una sola vez: volvieron los tocamientos y morisquetas de los sexos, los pellizquitos y las zambullidas, y, desde luego, música y bailes como el fandango, que hoy pervive evolucionado en joropo, y como la zapa, baile desaparecido sobre el cual, continúa el maestro Aldemaro Romero, solo podemos anotar que era música en tono menor en compás de seis por ocho.

No ya en el campo de los tuertos, sino en el de  los chingos, se conocen algunos famosos, entre ellos Chingo Olivo, a quien un autor anónimo le dedica una pieza musical, conocida como Corrío de chingo Olivo, recogido por Aldemaro Romero  y el cual reza: “/Pregúntale al chingo Olivo/ dónde perdió la nariz, / parece que fue peleando/ debajo de un cotoperiz”/. Se dice que el famoso chingo Olivo era un hombre pacífico, pero se torno feroz al conocer la muerte de su hermano a manos de Antonio Ruiz, militante de las montoneras federalista. Cambia de bando  y se une a los centralistas, participando en varias acciones. El nombre de chingo Olivo era Adolfo Antonio Olivo López, nacido en Valencia, estado Carabobo y muerto ahogado en el río Caura, estado Apure en enero de 1872, también se sostiene que fue fusilado por miembros de Las fuerzas de Joaquín Crespo. Lo de chingo se lo aplican  a este jefe guerrillero y de montoneras a partir de haber recibido un soberano machetazo en un baile en la población de Naguanagua que le llevó parte de la nariz. En el Diccionario de Historia de la Fundación Polar, se traza un perfil de Chingo Olivo, así como de las acciones armadas donde participó.

Quien escribió esta nota, viviendo en Araira, antigua Colonia Bolívar, Municipio Bolívar, hoy parroquia foránea Araira del municipio autónomo Zamora cuya capital es Guatire, conoció a dos chingos, Sixto Quintero, quien se desempeñaba como arriero de mulas y mulos, sacando café y verduras de las montañas araireñas y el señor Luis González, quien mantuvo un modesto restaurante al final de la calle Bolívar de la población, frente a la tienda de don Natalio Yanyi.

El mercado de San Jacinto

El desaparecido mercado de San Jacinto estuvo situado en el centro de la ciudad de Caracas, ocupando un espacio comprendido entre las esquinas de El  Chorro, Doctor Paúl, San Jacinto y Los Traposos. Gracias a la ayuda de Don Alfredo Cortina, uno de los pioneros de la radiodifusión venezolana y autor del libro “Caracas, la ciudad que se nos fue”, quien no olvidaba que el mercado de San Jacinto le recordaba los existentes en París, se conoce que al frente de ese populoso establecimiento se encontraba una estatua del periodista Antonio Leocadio Guzmán, padre del presidente Antonio Guzmán Blanco, no faltando en los espacios del concurrido establecimiento los tradicionales charlatanes que ofrecían distintas fórmulas para curar dolencias, pócimas, filtros para el amor, oraciones para eliminar la pava, tónicos para acabar con las manchas en la piel y aplacar dolores en el cuerpo y extracción de muelas sin dolor y con la sola presión de los dedos  como pinzas extractoras; filtros para conseguir novios, oraciones para espantar la pava, pócimas para hacer crecer el cabello y agujas que quitaban el dolor de cabeza. 

No deja de mencionar Don Alfredo Cortina el kiosco de las flores, lugar donde se encontraban las margaritas, azucenas, nardo, gladiolas, rosas, claveles, pensamientos, violetas, que todas las madrugadas los arrieros transportaban desde Galipán. Vecinos a los expendedores de flores se encontraban los vendedores de pájaros, quienes ofrecían a sus clientes variedades de turpiales, arrendajos,  pericos, cardenales,  canarios, loros, paraulatas.

Los visitantes del mercado podían saborear helados, chicha, carato de acupe y ponche de barrilito. En el departamento de frutas no faltaban  piñas, guanábanas, cundiamores, higos,  aguacates de Guarenas, membrillos, guamas, mamones, caimitos, mangos, naranjas. En los conocidos frascos bocones, se encontraban los refrescos de naranja, piña, parcha granadina, parchita, limón con papelón, guanábana, tamarindo, patilla. No faltaban las tertulias alrededor del reloj de sol o de piedra como también se le identificaba. En su agradable trabajo “Caracas, la ciudad que se nos fue”, Don Alfredo Cortina no olvida los arreos de burros, carretas y camiones que, en lo que se identificaba como la playa del mercado, descargaban la mercancía. En esas agradables páginas están de cuerpo entero el hombre del fonógrafo que se hacía presente todos los sábados y por una locha los clientes podían alquilar unas pequeñas bocinas de huesos que se colocaban en las orejas para oír la grabación y los vendedores de helados con sus carritos pintados de vivos colores y los expendedores de chicha de arroz cocido, carato de masa, carato de acupe, chicha andina y ponche en barrilito

Cosas que pasaron de moda

La lista de cosas que ya pasaron de moda que  a continuación les dejamos, la elaboró, con el ingenio que lo caracterizaba, Aquiles Nazoa, uno de nuestros humoristas de mayor estatura intelectual durante el siglo XX, venezolano, hijo de la ciudad de Caracas donde vio la luz en la barriada el Guarataro el 17 de mayo de 1920 y muere en un trágico  accidente automovilístico en la autopista Regional del Centro, cerca de La Victoria, Estado Aragua, el 25 de abril de 1976. Aquiles Nazoa, como poeta, periodista, escritor, conferencista, ensayista, dramaturgo, cumplió una fecunda labor intelectual, dejándonos como herencia, obras como  “El ruiseñor de Catuche, “Mientras el palo va y viene”, “El burro flautista”, “Los humoristas de Caracas”, “Vida privada de las muñecas de trapo”, “Caracas, física y espiritual”, “Retrato hablado del matapalos”, “Venezuela suya”, “Las cosas más sencillas”, “Los sin cuenta usos de la electricidad”, “Raúl Santana y un pueblo en el bolsillo”, “Los dibujos de Leo”, “Pan y Circo”, “El transeúnte sonreído”, entre otras obras que enriquecen el acervo bibliográfico del país.

Muchas de sus creaciones, todas llenas de  gracia, se encuentran dispersas en publicaciones periódicas, entre ellas el “Morrocoy azul”, “Últimas noticias”, “El Nacional” y en la revista bogotana “Sábado”. Usó los seudónimos de Jacinto ven a veinte, Carmen a Puente y Lancero, con los cuales firmó muchas de sus colaboraciones en el “Morrocoy Azul” y en “El Nacional” por su fecunda labor intelectual, Aquiles Nazoa recibe el Premio Nacional de Periodismo y el Premio Municipal de Prosa. En su juventud desempeñó los oficios de aprendiz de carpintería, repartidor de bodega, situada por los  lados  de la esquina de San Juan, telefonista y botones en el famoso hotel Majestic de Caracas, mandadero y barredor en el diario “El Universal”.

He aquí la lista prometida de las cosas pasadas de moda, confeccionada por Aquiles Nazoa:   mandarle un papel a la novia con la sirvienta de la casa y esperar la razón en la esquina;  poner una escoba detrás de la puerta para que se vaya la visita; recibir todas las semanas un santo en un nicho para que pase el día en la casa; vestir a todas las hermanas de un mismo color para que vean que son hermanitas; comer papelón con queso y decir –deme un San Simón y Judas--; tocar una serenata con un peine soplado a través de un papel; hacer hallacas y mandarle a todo el vecindario;  clavar dos tenedores  en un corcho y ponerle a éste una aguja para que gire sobre una botella; comerse un aguacate muy sabroso en el restaurante y llevarse la pepa en el bolsillo para sembrarla en la casa; meter los huevos en una ponchera en agua y si flotan es porque están  buenos; esconderle los zapatos al muchacho para que no ande vagabundeando  por la esquina;  comprar un centavo de sal, dos de manteca y pedir la ñapa de papelón; pedirle un flux prestado al vecino para hacerle uno igual al muchachito de uno; purgarse con zábila y pasar el día en alpargata con medias.

Al sumergirnos en las páginas de la obra “Caracas física y espiritual”, Aquiles Nazoa nos lleva de la mano para entregarnos otra lista, en este caso de cosas pavosas, formas pavosas de la indumentaria venezolana y una nueva lista pavológica.  Entre las cosas pavosas se encuentran: Cargar en el bolsillo un frasco de remedio y una cucharilla para cuando llegue la hora de tomar la cucharada y uno está en la calle;  las arepas clavadas detrás de la puerta entre un casquillo y una penca de zábila para que no falte el pan; tener un loro en el cuarto; bailar  pasodoble viéndose los pies; tenerle cariño a una gallina; comer cambur titiaro chupándoselo por el piquito;  tomarse un  ojo de toro en vino; escribir con el meñique paradito; cepillarle la planta de los pies a una persona que tiene un ataque; llorar leyendo; leer en el periódico las invitaciones de entierro para ver si lo han puesto a uno; rezar para acostarse a dormir la siesta; fumar desnudo. Lo demás lo busca usted, amigo lector, en la obra arriba señalada, dedicada a la ciudad de Caracas, que vio nacer al sabio poeta y humorista, Aquiles Nazoa.

 

 

 

 

     

 

 

Semblanza de Jesús María Sánchez

 

Jesús María Sánchez nació en Vega Redonda, Araira, un 14 de septiembre de 1938. Guiado por su madre, Clemencia Sánchez, conoció personajes, historias, cuentos, costumbres y tradiciones de Guatire y Araira, que le llevaron posteriormente a investigar y documentar buena parte de la historia aldeana a través de diversos artículos de prensa, programas radiales y libros, que lo convirtieron en un ilustre guardián de nuestro gentilicio y sus tradiciones autóctonas, defensor de nuestra identidad cultural y reconstructor de nuestra historia.

Formado en dos connotadas instituciones educativas del Guatire de mediados del siglo XX: el Grupo Escolar Elías Calixto Pompa y el Liceo Dr. Ramón Alfonso Blanco, desde muy joven se unió al movimiento cultural guatireño y junto con Guido Acuña y César Gil fundó la Casa de la Cultura del Estado Miranda, luego renombrada Casa de la Cultura Antonio Machado. Por entonces comenzó su prolífica e incansable labor de cronista aldeano y a falta de medios donde publicarlos fundó los propios como El Tambor y Pamiragua, hasta que surgieron semanarios como La Voz y Rutas Mirandinas que acogieron con entusiasmo sus escritos sobre la cotidianidad histórica de Guatire, Guarenas y Araira. También para esa época de principios de los años sesenta incursiona en la Radio con un programa de corte cultural que por arte de su manifiesta credibilidad, sus entretenidos guiones y su mágica voz se convirtió en todo un éxito a través de Radio Industrial; lo llamó Festival, una verdadera fiesta dominical de conocimientos. Años más tarde repetiría la experiencia y el éxito a través de Caliente Stereo con el programa Por los caminos abiertos.

A Jesús María Sánchez se le reconoce como el historiador que rescató para la comunidad guatireña el Decreto que honró a nuestro pueblo con el merecido título de Villa Heroica, por atreverse a dar el primer grito de Federación más allá de las fronteras de Coro. Por el contrario no se le acredita mérito alguno por ser el cronista que rescató para la historia cultural del país la densa obra de Elías Calixto Pompa, excelso poeta nacido en la hacienda El Palmar en 1836, relegado al olvido hasta que con el tesón, paciencia y determinación atribuibles sólo a un paisano interesado en resaltar los valores de su patria chica, pudo Jesús María, luego de un arduo trabajo de investigación en la Hemeroteca Nacional, encontrar en viejos periódicos publicados entre 1862 y 1887, los poemas de K-Listo, como era conocido el poeta. Así, publicaciones como El Federalista, El Porvenir, Diario de Avisos, El Siglo, Registro Literario, El Fonógrafo, y El Independiente, impregnaron sus manos de polvo, su olfato de olor acre, y su mente de maravillosos sonetos que legó posteriormente a la comunidad zamorana en particular y al país entero en general.

Publicó a través de la Casa de la Cultura del Estado Miranda las siguientes obras: Apuntes sobre Guatire, 1965; Versos de K-Listo, 1966; Poemas y otros trabajos de Elías Calixto Pompa, 1966 y Documentos sobre la Colonia Bolívar, 1968. De memoria prodigiosa, luego de jubilado de sus tareas docentes, Jesús María se convirtió en una especie de profesor ambulante que en cada festividad de la Santa Cruz, de la Parranda de San Pedro o de Villa Heroica es detenido en la calle para dictar clases magistrales sobre Guatire y Araira, sus tradiciones y sus personajes. El trata de camuflarse vestido como un sanpedreño cualquiera, con betún, levita y pumpá, de sanjuanero común y corriente con franela, pañuelo al cuello y sombrero de cogollo, o como ciudadano de a pié un 20 de septiembre con fresca guayabera pero ¡qué va!, no puede esconderse de quienes se convierten en alumnos fuera del aula por varios minutos.

Jesús María Sánchez ocupa, sin duda alguna, un distinguido lugar en el Olimpo de los grandes ciudadanos nacidos en estos lares.

 

Referencias

Citado por: Palacios, A. (2018). Semblanza de Jesús María Sánchez. Personajes. [Documento en línea]. Disponible: https://guatire.com/semblanza-de-jesus-maria-sanchez/ 

Leal. L. (2018). Semblanza de Jesús María Sánchez. Publicado el 29 de Mayo de 2018. [Documento en línea]. Disponible: https://guatire.com/semblanza-de-jesus-maria-sanchez/