pobladores que no odien a la policía porque ellos, la
policía, también viven en los pueblos jóvenes y que
la culpa no la tienen ellos sino sus jefes. Por último,
mencionó que la política que está llevando a cabo el
actual gobierno solo está siendo dirigida a favor de
la clase pudiente, pero que los invasores no tenían
que perder la esperanza porque pronto estarían en
mejores condiciones (La Prensa: abril 1971).
Ante las palabras pronunciadas por Monseñor
Bambarén y la actitud de defensa de los invasores
en contra del papel del gobierno, el general Artola
respondió rápidamente ordenando la captura de
Bambarén y de uno de los curas, el padre La Mazza,
quien estuvo repartiendo unos volantes entre los
invasores a favor de la defensa de la vivienda y en
desmedro de las políticas estatales. Ambos fueron
conducidos hasta la carceleta del Palacio de Justicia
acusados de agitadores y de ir en contra de las
políticas del gobierno. Al respecto menciona Artola:
Yo le voy a responder a Monseñor
Bambarén que los considero, al igual
que los otros, un agitador con sotana.
Bien claro se lo digo porque él no tenía
por qué poner el dedo en estos aspectos
que toca su declaración, los cuales son
lesivos, no solamente al aspecto de
tranquilidad pública, que él como
sacerdote debe mantener o propiciar, y
ayudar a mantener, sino porque lesionan
ciertos aspectos de la dignidad nacional
al referirse a Francisco Pizarro (El
Comercio, 1971, p. 1).
Posteriormente el presidente Juan Velasco
Alvarado ordenó la excarcelación de monseñor
Bambarén y del padre La Mazza, lo que condujo
también a la renuncia inmediata del Ministro del
Interior, general Armando Artola. Estas acciones le
dieron mayor relevancia a la invasión de Pamplona
ya que llevó a que el gobierno tomara acciones
inmediatas ordenando la reubicación de los
invasores en camiones del ejército, algunos de ellos
hacia Ollantay y otros hacia la hoyada de Tablada
de Lurín.
Tras la violencia producida en la invasión de
Pamplona, los sucesos con monseñor Bambarén y
tras percatarse el Gobierno que lo sucedido no era
una invasión más, sino que significaba un reto para
el plan de políticas sociales que venía efectuando, y
teniendo como corolario la reunión convocada por
el Banco Interamericano de Finanzas que se
efectuaba en Lima, era necesario dar una solución
rápida y efectiva para calmar lo que venía
sucediendo. Es así que la acción rápida del ministro
del Interior lo llevó a trasladar en camiones del
ejército a la numerosa población, que día a día venía
aumentando y que para el 9 de mayo sumaban cerca
de siete mil personas (El Comercio, mayo 1971).
Según los primeros datos recogidos en
Ollantay (Pamplona Alta) vemos que la población
que fue trasladada provenía de diversas zonas de
Lima, pero con un solo objetivo, hacer realidad el
sueño de la casa propia. Muchos de ellos provenían
principalmente de los distritos de Barranco y
Chorrillos, pero también había un fuerte contingente