Tipo de Publicación: Artículo Científico

Recibido: 30/03/2022

Aceptado: 25/05/2022

Autor: MSc. Eddy Gómez García

Universidad Nacional Experimental Politécnica de las Fuerzas Armadas

*       https://orcid.org/0000-0003-0363-3682

Email:eddygomez2008@gmail.com

 

Coautor: Dr. Santo Romero Coronel

Universidad Politécnica Territorial de Mérida Kléber Ramírez

*       https://orcid.org/0000-0002-1857-8762

Email: ssrc513@gmail.com

 

 

PROCESO DE FORMACIÓN DEL ESTADO VENEZOLANO

Resumen

Desde los primeros momentos de la conquista y colonización de estos territorios que luego conformarán Venezuela se produjeron, como en el resto del continente, las instituciones que, con poca y lenta evolución terminarían convirtiéndose en las que el imperio colonial legó a las nuevas repúblicas y a los nuevos estados después de la gesta independentista de los primeros treinta años del siglo XIX. Las tres últimas décadas del siglo XVIII y las tres primeras del siglo XIX resumen la creación y ordenamiento de las instituciones que terminaron configurando el Estado Nacional venezolano a partir de 1830. Apoyados en los conceptos que sobre el Estado nos aportan Federico Engels y Max Weber analizamos y ordenamos las evidencias históricas para afirmar que es con la separación real de la Gran Colombia y la organización de los poderes públicos nacionales de acuerdo a lo previsto en la Constitución del Estado de Venezuela de 1830 que surge el Estado nacional venezolano. Este trabajo tiene como propósito describir el proceso de formación del Estado venezolano y se desarrolla con el método histórico, lógico, de análisis y síntesis hermenéutica utilizando fuentes documentales secundarias, consultadas en constituciones, publicaciones  científicas, tesis doctorales, y textos contemporáneos que incorporaron otras perspectivas.

 

Palabras clave: Estado, Venezuela, formación colonial, gran colombia, independencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PROCESS OF FORMATION OF THE VENEZUELAN STATE

Abstract

From the first moments of the conquest and colonization of these territories that would later make up Venezuela, as in the rest of the continent, the institutions that, with little and slow evolution, would end up becoming those that the colonial empire bequeathed to the new republics and to the new states after the independence struggle of the first thirty years of the 19th century. The last three decades of the 18th century and the first three of the 19th century summarize the creation and ordering of the institutions that ended up shaping the Venezuelan National State from 1830. Supported by the concepts that Federico Engels and Max Weber give us about the State, we analyze and order the historical evidence to affirm that it is with the real separation of Gran Colombia and the organization of national public powers in accordance with the provisions of the Constitution of the State of Venezuela of 1830, which gave rise to the Venezuelan National State. The purpose of this work is to describe the process of formation of the Venezuelan state and is developed with the historical, logical, analysis and hermeneutic synthesis method, using secondary documentary sources, consulted in constitutions, scientific publications, doctoral theses, and contemporary texts that incorporated other prospects.

 

Key works: State, Venezuela, colonial formation, gran Colombia, independence.

 


Introducción

La herencia institucional recibida de la corona española se inicia con instituciones creadas desde el inicio de la conquista y la colonización, pero a partir de 1776 y hasta los primeros años del siglo XIX se desarrolla un proceso institucional particular en el que surge la Capitanía General de Venezuela, creada por real cédula de la corona española en 1777. Esta institución representa la marca distintiva a partir de la cual muchos historiadores y estudiosos de la historia nacional ubican el surgimiento del Estado Nacional.

En esa misma época, la conjugación de los avances del modernismo y el capitalismo en Europa y, particularmente en Inglaterra, dieron origen a una reinterpretación del carácter de las relaciones de producción y las formas de ejercer las funciones de gobierno y, sobre todo, del poder. Los derechos a la vida, la justicia y la propiedad formaban parte del fundamento teórico liberal que impregnó al viejo continente. La monarquía acusó transformaciones, surgieron nuevas formas de expresar el gobierno compartido con formas aparentemente opuestas. Así la monarquía y la república pudieron coexistir y, hasta formar nuevos modelos de gobierno y de Estado.

En ese contexto, se produjeron las revoluciones estadounidense y francesa de finales del siglo XVIII que influyeron decisivamente en la formación de pensamientos y movimientos de liberación e independencia en las, entonces, colonias americanas del imperio español. En la Capitanía General de Venezuela se produjo un proceso de inicio de emancipación en el período 1810 - 1811. Este acontecimiento marcó el surgimiento del Estado Nacional venezolano en opinión de, otros, importantes historiadores y estudiosos de la historia nacional.

Superada la guerra de independencia, la recomposición de la nación y su gobernabilidad se dieron con mucha fragilidad y en medio de guerras internas alentadas por particulares intereses regionales. Esa realidad y la economía agrícola y pecuaria de signos poco desarrollados llevó a otros historiadores y estudiosos de la historia nacional a sostener que es, en el siglo XX, junto con la aparición del capitalismo en nuestra economía que surge el Estado Nacional.

La independencia de Venezuela con respecto al imperio español se encaminó con paso decidido y con reafirmación de una identidad propia, luego de la separación de la Gran Colombia. A partir de ese momento confluyeron las características que permiten hablar de la existencia del Estado Nacional venezolano.

Con este convencimiento y orientado con las definiciones de Estado que transcribimos a renglón seguido, se explican los fenómenos más destacados del proceso histórico que concluyó en la formación del Estado Nacional en Venezuela.

Engels (2017), filósofo alemán, de pensamiento socialista, corresponsable de la creación del  método de análisis del materialismo dialéctico, define al Estado como sigue:

(...) el Estado no es de ningún modo un poder impuesto desde fuera de la sociedad; tampoco es «la realidad de la idea moral», «ni la imagen y la realidad de la razón» (...). Es más bien un producto de la sociedad cuando llega a un grado de desarrollo determinado; es la confesión de que esa sociedad se ha enredado en una irremediable contradicción consigo misma y está dividida por antagonismos irreconciliables, que es impotente para conjurar. Pero a fin de que estos antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna no se devoren a sí mismas y no consuman a la sociedad en una lucha estéril, se hace necesario un poder situado aparentemente por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el choque, a mantenerlo en los límites del «orden». Y ese poder, nacido de la sociedad, pero que se pone por encima de ella y se divorcia de ella más y más, es el Estado (p. 93).

En concordancia, Weber (2002), filósofo alemán, de orientación liberal y considerado el padre de la sociología moderna, concibió el Estado moderno de la siguiente manera:

(...) es aquella comunidad humana que en el interior de un determinado territorio (...) reclama para sí el monopolio de la coacción física legítima. Porque lo específico de la actualidad es que a las demás asociaciones o personas individuales sólo se les concede el derecho a la coacción física en la medida en que el Estado lo permite. Éste se considera, pues, como fuente única del "derecho" de coacción. El Estado, lo mismo que las demás asociaciones políticas que lo han precedido, es una relación de dominio de hombres sobre hombres basada en el medio de la coacción legítima (es decir: considerada legítima) (pp. 1056-1057).

Ambas definiciones, a pesar que ideológica y filosóficamente expresan posiciones contrapuestas, también expresan elementos que les son comunes en la definición del Estado, tales como la existencia de territorio, población, soberanía y ejercicio del poder de coacción para reconocer un conjunto de instituciones como la configuración de un Estado. La universalidad de estos conceptos los convierten en una herramienta válida para el análisis.

Con el método histórico, lógico, de análisis y síntesis y con la utilización de fuentes documentales, fundamentalmente secundarias, consultadas en constituciones, publicaciones en revistas científicas, tesis doctorales, y textos contemporáneos que incorporan otras perspectivas, el trabajo que estamos presentando tiene el propósito mayor de mostrar los elementos más importantes que constituyen las evidencias del proceso de formación del Estado venezolano.

El tema de la creación del Estado en Venezuela resulta un tema inacabado alrededor del cual se hace necesario profundizar en su estudio e investigación. Queda pendiente la revisión más exhaustiva de las tesis que se han propuesto hasta el momento y, de manera más detallada, el estudio de eventos y etapas más precisas de la historia política, económica y social de Venezuela que trasciendan lo meramente anecdótico o jurídico.

La sociedad primitiva prehispánica

La sociedad primitiva prehispánica abarca un largo período que va desde los inicios de la presencia del hombre, alrededor de unos cincuenta mil años hasta la llegada conquistadora de los europeos, en el continente que luego será bautizado inicialmente como Nuevo Mundo y luego como América. “… tras la retirada de la última gran glaciación, en el tránsito del Pleistoceno al Holoceno, América como realidad continental quedó geográfica y culturalmente aislada”. (Serrera, 2009, p. 17). En ese vasto período se realizó el poblamiento de este continente en un proceso que transcurrió durante milenios y que dejó como resultado un abanico cultural y de pueblos autóctonos y originales con respecto al resto del mundo y, también, con desiguales niveles de desarrollo social y económico entre sí. El historiador Guerra (1997), afirma que:

…el hombre no es originario de América, pues existe una imposibilidad filogenética basada en que los monos americanos forman una rama muy alejada de los antropoides, lo que descarta que pudieran surgir elementos humanoides por una vía evolutiva. …todas las evidencias parecen indicar que llegó ya conformado como homo sapiens procedente de Asia, en varias oleadas remotas, aunque relativamente tardías comparado con las poblaciones existentes entonces en el resto de la tierra. Eran hombres del paleolítico, nómadas, que vivían en cavernas y se dedicaban a la recolección, la caza y la pesca. Se extendieron por el Continente de Norte a Sur, hasta llegar, en un lento desplazamiento efectuado a lo largo de milenios, al extremo austral. A favor de esta hipótesis se levantan los hallazgos más antiguos encontrados hasta el presente en cada región americana: los de Venezuela, por ejemplo, tienen una antigüedad de más de 14 mil años (p. 10).

Los hombres que inicialmente poblaron este continente fueron de origen mongoloide. En siguientes migraciones ingresaron hombres australoides y melanesoides que provenían del Pacífico. Ya eran navegantes y se encontraban en el estadio neolítico fundamentalmente y, también en el mesolítico. Conocían la agricultura, eran sedentarios y trabajaban la cerámica. Son estas oleadas de migrantes con diversidad de origen étnico, geográfico y niveles de vida las responsables del desarrollo desigual de los pueblos y naciones autóctonas a través de un crecimiento vegetativo de la población bien diferenciado y de las condiciones medio ambientales que combinó factores objetivos de clima, suelos, dominio de la agricultura y el arte del trabajo de cerámica.

En el hemisferio que fue conocido como Nuevo Mundo, alejados de “…un espíritu individualista y sobre el trabajo colectivo y la cooperación comunitaria, los indígenas de América, llegaron a la selva, al desierto y dominando siempre la naturaleza establecieron un notable equilibrio entre la producción y el consumo” (Tovar, 1968, p. 50).

En un período que media los dos mil años (entre 1500 AC y 500 DC) se apreciaba el desarrollo desigual de los habitantes de este continente (el Nuevo Mundo). En toda la extensión continental habitaban grupos distintos de pobladores autóctonos como los ges, atapascos, esquimales, algonquinos, sioux, charrúas, tehuelches, onas, que se encontraban en los primeros escalones de la evolución social.

Sin embargo, otros como los chibchas, tupi-guaraníes, araucos, iroqueses, mayas, incas o aztecas habían alcanzado etapas nuevas en su desarrollo tanto social como económico con el inicio del cultivo de la tierra. Se estima que estos acontecimientos ocurrieron en los años 500 DC y fueron causantes del nacimiento en algunas zonas de Mesoamérica y el área andina de sociedades de clase y deslumbrantes centros de civilización. La estructura social estuvo caracterizada por la existencia de aldeas organizadas alrededor de la propiedad común de la tierra. Aquí se encuentra el preludio de nuevas culturas: la maya-tolteca, la azteca y la inca.

El desarrollo fue desigual. Los hombres que vivían al noroeste no conocían la alfarería ni siquiera los más simples cultivos de plantas, mientras que los mexicanos, centroamericanos y peruanos, de acuerdo a lo que refiere Engels (Ob. Cit.):

… vivían en casas de adobe y de piedra en forma de fortalezas, cultivaban en huertos de riego artificial el maíz y otras plantas comestibles, diferentes según el lugar y el clima, que eran su principal fuente de alimentación, y hasta habían reducido a la domesticidad algunos animales: los mexicanos, el pavo y otras aves; los peruanos, la llama. Además sabían labrar los metales, excepto el hierro; por eso no podían aún prescindir de sus armas a instrumentos de piedra. La conquista española cortó en redondo todo ulterior desenvolvimiento independiente (p. 4).

El aislamiento del Nuevo Mundo con respecto al resto del planeta, el sentido original y autóctono de sus pobladores marcaron un conjunto de limitaciones que en el orden cultural y tecnológico pueden explicar un desarrollo autónomo de este continente y, el desenvolvimiento de la actividad humana en estadios de la civilización que, para la época, habían sido superados en otros continentes como Europa y Asia.

El Estado que se fue prefigurando en estas sociedades prehispánicas tiene todas las características correspondientes a un Estado comunal primitivo, pero con definitivos rasgos de independencia y autonomía.

La conquista y la formación colonial

La evolución del continente europeo hizo posible que para mediados del siglo XV, comenzara a aparecer estados modernos en ese continente. España y Portugal, de manera separada por razones de índole económico y políticos, promovieron e impulsaron empresas de descubrimiento apoyadas en el avance del conocimiento marítimo y científico, naves e instrumentos de navegación idóneos.

De esta manera hacia el año 1492 se produjo el descubrimiento del Nuevo Mundo. “Desde entonces, ni el pasado americano puede ser estudiado fuera del contexto de sus relaciones con el resto del Mundo, ni éstas resultan plenamente comprensibles sin profundizar en el curso del pasado del continente .” (Serrera, Ob. Cit. p. 16).

El descubrimiento se transformó en conquista, proceso que ha sido caracterizado en muchos casos como idílico. Objetivamente fue un proceso de enfrentamientos armados llenos de saña y crueldad por parte de los conquistadores. Un proceso de imposición cultural que condujo a una desarticulación del mundo cultural autóctono. Dussel (1967), lo describe con precisa claridad.

En esta lucha desigual España triunfa rápidamente. Los Imperios Azteca o Inca se inclinan en un sagrado pavor ante el poderío del arcabuz, de los cañones, del caballo, del perro sanguinario, del guerrero español que tiene armas de hierro y Coraza invencible. Un puñado de hombres conquista un continente con millones de habitantes: es la supremacía de la civilización mediterránea, milenaria, sobre el hombre pre-hispánico americano. Toda la civilización pre-hispánica es derrotada por los españoles y aprovechada en la medida de lo posible. Europa se beneficia de muchos productos agropecuarios de la civilización americana, y de sus minas de oro y plata descubiertas, en parte, por las antiguas civilizaciones americanas (p. 44).

La conquista del Nuevo Mundo por los españoles se ejecutó básicamente en dos etapas. La primera estuvo dirigida, principalmente, a conquistar los territorios de las grandes culturas y estados indígenas encontrados, la mexicana y la inca, prestando esfuerzos secundarios a otras zonas o áreas del Nuevo Mundo. En la segunda etapa de la conquista se prestó mayor atención a las zonas que inicialmente eran consideradas marginales o secundarias y que no representaban estados y culturas altamente desarrolladas sino que, más bien, eran naciones conformadas por aldeas no conectadas entre sí, sin una estructuración orgánica y de limitado desarrollo político y cultural.

En esta razón descansa el hecho de que la conquista y colonización del que luego sería el territorio venezolano se hizo lento y prolongado, que se inició con la explotación de perlas en la Isla de Cubagua antes de 1500 y después del tercer viaje de Cristóbal Colón en 1498.

En Venezuela, se fueron conquistando territorios, fundando ciudades y expandiendo la posesión real de territorios a la corona española en un proceso que abarca un periodo de más de un siglo y que se consiguió en el camino con una enorme resistencia indígena. Junto a la conquista y la atención a la resistencia, en los territorios sometidos militarmente se inició el sometimiento ideológico, cultural y religioso: la colonización y; se instalan las formas de gobierno de los conquistadores, y las instituciones políticas, económicas y sociales que le dieron vida a la nueva realidad.

Con el auxilio de Serrera (Ob. Cit.), ha sido posible elaborar un apretado resumen del impacto de la acción conquistadora. El desarrollo heterogéneo y desigual de las comunidades indígenas americanas les permitía convivir en armonía consigo mismas y con su entorno teniendo sus propias unidades político administrativas que las regían y, que en todo caso estaban determinadas por la relación individuo – comunidad – autoridad. Eso cambió bruscamente.

Con la conquista se impuso un único poder que regía, desde el exterior a las comunidades, su destino y gobierno y que, además, destruyó formaciones estatales complejas que hasta ese momento habían logrado cohesionar unidades políticas de gran tamaño. La autoridad era ejercida por un monarca y sus instituciones, códigos legales, normas escritas y nuevas demarcaciones administrativas concebidas como espacios continuos. Con la conquista, apareció una ciudadanía y una nueva nacionalidad definida por una nueva realidad en el mismo viejo territorio: indio, habitante de la india española.

En la relación de los hombres en sociedad, se impusieron normas que buscaron uniformizar, de acuerdo a la tradición de los conquistadores, vale decir de los vencedores, el reconocimiento y aplicabilidad de la nueva cultura acabando con los antiguos patrones de organización social indígena. La instalación de importantes contingentes humanos de origen europeo, trajo consigo un reordenamiento de la jerarquía social donde el indígena fue relegado a segundo orden en estatus y condición social.

Fue desposeído de sus dioses y creencias religiosas. Así como en el orden político sólo había lugar para un rey, en el orden religioso habría cabida para un solo Dios. La conquista espiritual siguió a la conquista militar. Había que convertir al cristianismo rápidamente a los indios. Para ello las misiones y la encomienda, para refrendar la derrota, para garantizar que los antiguos dioses indígenas hubiesen perdido todo poder y potencia sobrenatural.

Las manifestaciones de cambio y transmutación en el mundo cultural indígena fueron diversas: el vestido cubrió su milenaria desnudez, los hábitos de nutrición y las dietas se modificaron paulatinamente, un nuevo lenguaje y alfabeto fonético se impusieron.

La imposición de la conquista se expresó también en la concepción de las relaciones económicas y los sistemas de producción llegaba con los conquistadores, sobre la concepción ancestralmente vivida por los indígenas. Dos concepciones diametralmente opuestas. En la medida que se consolidaba la presencia española, iban desapareciendo, o se reservaban a su ejercicio en pueblos de indios, entre otras: formas comunitarias de tenencia de la tierra y explotación agrícola, solidaridad en la circulación de bienes definida por la apreciación del valor de uso, tecnología propia, economía de trueque. Los conquistadores españoles establecieron que el modelo de explotación de los recursos continentales estaba subordinado a los intereses metropolitanos.

El principio de propiedad comunal desapareció y su lugar fue ocupado por la concepción de propiedad privada cuyo mayor símbolo era la figura del Rey español, heredero de la legitimidad de los indígenas. Era el nuevo señor, dueño absoluto de tierras y mares, suelo y subsuelo, bosques y cañadas, y origen legítimo del derecho de propiedad de los nuevos pobladores.

El sistema de producción pasó de ser un sistema de subsistencia a ser un sistema de acumulación de capital, el más genocida conocido en la historia de la humanidad. La sustitución de una economía de trueque por una economía monetaria basada en el metal precioso como patrón de valor a escala planetaria. La tierra como medio y asiento de vida pasó a ser un objeto de especulación y renta, dada la función mercantil del uso asignado.

Las tierras comunales indígenas pasaron a representar el esquema feudal de la gran propiedad agraria. Los conquistadores se apropiaron de todo tipo de excedentes indígenas. Se introdujo nuevas especies botánicas y pecuarias desplazando los cultivos autóctonos. Se redefinieron patrones de propiedad de tierras, bosques y aguas. Se rompió el ancestral equilibrio entre el hombre y el medio con la consecuente alteración de ecosistemas estables.

La brusca irrupción de los castellanos en el solar americano, en suma, había puesto fin a todo un ciclo cósmico en su universo de creencias. Era el desmoronamiento de su concepción del mundo y de la vida, de su sistema de valores culturales, de sus esquemas económicos y patrones de organización social, de su código de normas morales y religiosas, de su estructura política y de sus mecanismos de adscripción a la tierra. (Serrera, Ob. Cit. p. 31).

La “modernidad” traída por los españoles a tierras del Nuevo Mundo fue copando todos los espacios y ya, para finales del siglo XVI sólo quedaban pocos territorios, sobre todo hacia el sur, los llanos y Guayana que no habían sido efectivamente conquistados aún cuando, formalmente, ya estaban anexados a los predios ultramarinos de la corona española. Se habían constituido provincias que dependían unas del Virreinato de Nueva España y, otras del Virreinato del Perú y el resto de las instituciones de gobierno no guardaban conexión territorial local, salvo con sus pares virreinales.

La corona española comenzó a mostrar elementos de pérdida de esplendor y de control del poder desde finales del siglo XVI y durante el siglo XVII: insurrección en los Países Bajos; fracaso de la política española en el Mediterráneo; derrota de la Armada Invencible en 1588, lo que marcó “...el declive definitivo del poderío naval español en beneficio de la flota inglesa. Comenzaba la decadencia de una España católica frente al desarrollo de una Inglaterra protestante” (Varnagy, 2000, p. 44); y, aumento de las actividades de comercio ilícito desarrolladas por piratas y corsarios, lo que permitió el florecimiento de la competencia de otros países europeos afectados por el monopolio comercial y colonial.

Igualmente se produjo, (...) el recrudecimiento de la expansión de otros estados europeos en América y la época dorada de la piratería. (…) paralelamente, la aparición de ingleses, franceses y holandeses en el Continente americano hizo pasar a manos de los enemigos de España numerosas islas y territorios del Caribe, lugares que servirían de base a un creciente tráfico ilegal (el contrabando), con la consiguiente quiebra del monopolio comercial español.

La hegemonía prácticamente absoluta de España en la región del Caribe durante casi todo el siglo XVI, fue seguida por el aumento de la presencia de sus rivales europeos. La irrupción de Holanda, Francia e Inglaterra (...) fue facilitada por la ostensible decadencia del imperio de los Habsburgo. Así, junto a la piratería y el contrabando comenzó el arrebato a España de muchas de sus posesiones en el Caribe. Las Antillas menores, consideradas hasta entonces por los conquistadores hispanos como unas islas inútiles, se convirtieron en el siglo XVII en refugio de piratas y corsarios holandeses, franceses e ingleses (Guerra, Ob. Cit. p. 16).

En la pérdida de esplendor español, constituyó otro error la concepción mercantilista y antiindustrial de la economía que, muy bien explica Dussel (Ob. Cit.):

En el nivel de la civilización, el gran error español fue organizar un sistema mercantilista que compraba en América, con productos o materias primas o manufacturadas, el oro y la plata a bajos costos. Con esto, España no se industrializó, e impidió al mismo tiempo la industria y la explotación agrícola latinoamericana (p. 51).

La suerte del Nuevo Mundo, estaba atada a la suerte del viejo mundo. El continente europeo y, específicamente el imperio español no sólo impuso su cultura sino que llevaba a desventuras más que a venturas a los pobladores y territorios recién conquistados. En la colonia se fueron moldeando relaciones políticas, económicas, de producción que obedecían a formas de producción feudal y que no llegaron a convertirse en Estado, por cuanto la soberanía sobre estos territorios coloniales y sus comunidades y riquezas, además de las instituciones con las que se ejercía el monopolio de la violencia estaban conectadas con el Estado imperial español y dependían de él.

Surgimiento del Estado pre – nacional

El comienzo del siglo XVIII produjo un punto de inflexión en la decadencia española. El cambio de dinastía, consecuencia inmediata del deceso de Carlos II, en noviembre de 1700, dejó una larga pugna por el poder que finalizó después de la firma de la paz en 1713 en Utrech y a Felipe V como Rey de España. El cambio de la dinastía superó al simple hecho de cambio de nombres.

La verdad es que los Austrias tenían una política de expansión guerrera, económica, política mercantilista (antiindustrial) y de evangelización, que pretendía unificar Europa y el mundo bajo el signo de la Cruz en la Iglesia Católica. Pero tan generoso fin necesitaba medios, y esos medios fueron comprados con el oro y la plata que los indios -organizados en la mita- extraían de las minas americanas. La explotación de dichos metales preciosos -lo mismo que la producción agropecuaria de la colonia- instauró todo un sistema económico-social, con privilegios artificiales y monopolistas (Dussel, Ob. Cit. p. 51).

Los Borbones, desde el trono español, se propusieron desarrollar un proceso de reformas con respecto a las colonias para darle viabilidad al crecimiento de la economía agropecuaria que se había venido manifestando con diferentes matices en todos los territorios de la América española. Se buscaba balancear el desequilibrio económico original nacido de la explotación de los metales, además de pasar de la riqueza fácil a la riqueza reproductiva.

Con el ascenso de los Borbones, la Colonia como concepto gira de su acepción:

(...) como “Asentamiento de Población” que trata de vivir en tierras ajenas a las suyas tras un proceso variable de conquista, a la colonia entendida como unidad “Productiva Dependiente” de un centro o metrópoli que orienta y usufructúa en alguna medida la dinámica y el esfuerzo de dicha colectividad (Aizpurua, 1981, p. 6).

Con este giro en la concepción de Colonia, la provincia de Venezuela y sus circunvecinas jugaron un papel de importancia creciente y destacado. Estos territorios coloniales, visto como conjunto “vive y vivirá supuestamente primero para dar sus frutos, enriquecer y servir a la metrópoli, veámosla a ésta en forma directa, España, o en forma indirecta, Inglaterra por ejemplo” (Aizpurua, Ob. Cit. p. 6).

Esta visión de la nueva cara de la colonia y la comprensión de la realidad europea dinamizada por un creciente incremento de la productividad industrial que demandaba materias primas y bienes agropecuarios por un lado y, por otro lado el aumento considerable de la población de ese continente se convirtieron en incentivos para la agricultura, el comercio y los bienes manufacturados. “El tráfico mercantil internacional creció como nunca antes, incorporando áreas (...) que hasta entonces sólo habían estado involucradas marginalmente en el mercado europeo” (Guerra, Ob. Cit. p. 17).

Las condiciones estaban dadas para que la corona española se planteara participar del control del comercio de las colonias con el resto del mundo europeo y consecuentemente con su beneficio. Ello explica dos grandes medidas que contribuyeron enormemente a cambiar el panorama colonial de la época y a favorecer la integración de las dispersas provincias circunvecinas de la provincia de Venezuela en una sola entidad. En primer lugar se fundó la Compañía  Guipuzcoana y, en segundo lugar se crearon dos virreinatos que se agregaron a los dos que ya existían desde inicios de la colonización.

En septiembre de 1728 se creó la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas con capital aportado por comerciantes de la provincia española Guipúzcoa y la corona española como accionista mayoritario. La dirección y administración de la empresa recayó en los socios guipuzcoanos. Los dos principales objetivos de la compañía eran los de controlar y centralizar el comercio de la colonia con la metrópoli y; reprimir el contrabando que tanto minaba las rentas fiscales de la Corona. No obstante,

(..) ese comercio que en principio era más o menos equitativo, en el sentido de que existía o preveía una repartición de lo comercializado entre la compañía, los comerciantes y los productores, pronto dio paso tras muchas oposiciones, manejos y presiones, a un efectivo control de la Guipuzcoana de dicho comercio, quedándole todavía abierta a los productores criollos la puerta del comercio con Nueva España (Aizpurua,  Ob. Cit. p. 7).

En el campo de las instituciones que regían la vida política y administrativa de las provincias de la colonia, los Borbones se plantearon su reacomodo a objeto de adecuarlas a los tiempos de ese presente y a mejorar las capacidades defensivas frente a reales y potenciales hostilidades de los ingleses en el litoral septentrional suramericano y en las aguas del Atlántico Sur. Allí se produjo de manera efectiva "(..) la creación de dos nuevos virreinatos, el de Nueva Granada (1739), con sede en Santa Fe de Bogotá, y el del Río de la Plata (1776), con capital en Buenos Aires" (Serrera, Ob. Cit. p. 115).

Desde los tempranos años de la dinastía borbónica en el poder, el territorio de la provincia de Venezuela y sus circunvecinas, pero sobre todo la provincia de Venezuela, fue visitada y observada con especial atención con el propósito de redactar "relaciones y ‘Descripciones Geográficas’ elaboradas con el fin de conocer el estado y el potencial de esta colonia olvidada por los Austrias y que ha dado elevada muestra de dinámica y personalidad propias" (Aizpurua, Ob. Cit. p. 6).

Una de las conclusiones de ese proceso de observación llevó a establecer que existía, en estos territorios, una "total ausencia de concentricidad institucional, que chocaba fuertemente con el principio de racionalidad que se quiso imponer desde España" (Serrera, Ob. Cit. p. 139) por lo que se hizo preciso adoptar un conjunto de medidas en el reinado de Carlos III que buscaron terminar ese panorama.

En 1776 se creó la Intendencia de Caracas, con fines de organización y homogeneización fiscales aglutinando a todas las gobernaciones de las provincias que luego, juntas llevarían el nombre de Venezuela.

En 1777, por real cédula, las provincias de Cumaná, Guayana, Maracaibo, Trinidad y Margarita fueron sumadas a la Provincia de Caracas o Venezuela en la Capitanía General de Venezuela y, se separaron de manera absoluta del virreinato de Santa Fe, quedando así regidas en lo gubernativo y militar a la mencionada Capitanía General, así como lo estaban en materia de hacienda real a la intendencia de Caracas. Esa real cédula también ordenaba, en lo judicial, que las provincias de Guayana y Maracaibo, dejaran de depender de la audiencia de Santa Fe y pasaran a depender de la audiencia de Santo Domingo. Se justificaba la decisión porque "hallándose estos territorios bajo una misma Audiencia, un Capitán General y un Intendente inmediatos, sean mejor regidos y gobernados" (Serrera, Ob. Cit. pp. 140 - 141).

En 1786 se estableció la Real Audiencia de Caracas con lo que se rompía la dependencia judicial de la Audiencia de Santo Domingo. Ahora, todas las provincias que integraban la Capitanía General de Venezuela dependían de la Real Audiencia de Caracas en el mismo territorio que pertenece a la Capitanía General de Venezuela. Los principios de racionalidad y funcionalidad asumidos por la corona española en su relación con las colonias americanas estaba dando lugar a la concentración de las funciones de las nuevas instituciones en un territorio común.

En 1793 se creó el Real Consulado de Caracas, con atribuciones mercantiles y jurisdicción en todo el territorio de la Capitanía General de Venezuela. En 1803 se erigió y asentó el Arzobispado de Caracas. La iglesia católica existía en este territorio desde los momentos de la conquista y tenía legitimada su presencia y acción.

En el período que va desde 1776 hasta 1803, Instituciones políticas, militares, económicas, judiciales y eclesiásticas ejercían el poder en un territorio común sobre una comunidad, vale decir, población determinados. En la conclusión de este proceso de integración y unidad institucional en torno a la Capitanía General de Venezuela se encuentran las bases de las formas de organización de la sociedad que serán legadas como herencia básica del Estado venezolano que surgirá tiempo después.

El siglo XVIII exhibió, además de cambios institucionales en la colonia, una transformación de los grupos étnicos que inicialmente le dieran forma. Estas transformaciones se expresaron en un proceso de diferenciación que terminó revelando la integración de clases sociales.

Se percibía un primer grupo social conocido genéricamente como los blancos. En este grupo, a lo interno se presentaban tres sectores claramente diferenciados: Los blancos peninsulares, encargados del control y dirección institucional diseñada y construida por la corona para la atención de los distintos tópicos de la vida política y administrativa de la colonia; los blancos comerciantes, cuya actividad giraba en torno a las de la Compañía Guipuzcoana y, lentamente, al margen de ella y, el comercio de exportación; y, un tercer sector conocido como los blancos criollos, representado por un pequeño sector terrateniente. Este grupo social, el de los blancos en general vivía del trabajo agrícola. Unos, de las rentas fiscales obtenidas en la colonia; otros, por el monopolio comercial y otros, del despojo y usufructo.

Un segundo grupo social, poseedor del trabajo, de la fuerza de trabajo, más numeroso y diverso. Era el grupo de los trabajadores. Lo componían los esclavos; los indios tributarios, los mismos que dos siglos atrás eran indios encomendados; y los pardos, integrado por mano de obra libre, étnicamente heterogéneo pero con características estructurales comunes que lo homogeneizaban como sector social. Este último era el sector social más numeroso y con mayor importancia y hegemonía dentro de la estructura social. En este también se agregaban "los blancos, peninsulares o criollos, que no han podido obtener o mantener propiedades territoriales grandes o puestos de relevancia y se veían, cada vez más, obligados a vender también su fuerza de trabajo” (Aizpurua, Ob. Cit. p. 8).

Se podía apreciar con claridad la existencia de grupos sociales con funciones determinadas en las relaciones sociales de producción. Los que trabajan y los que se apropian del producto del trabajo.

Esta complicada y contradictoria estructura social va a plantear, y poco a poco en forma irreversible, conflictos sociales (...) que van a ir propiciando y mostrando la crisis que se ha generado en esta sociedad colonial. Esta crisis va a estallar a finales del siglo XVIII, pero ya antes deja claras las dos características que ella encierra: como toda sociedad colonial, emergerán conflictos sociales causados especialmente por la situación de dependencia política y conflictos sociales causados por la situación estructural, referida a las relaciones sociales que se dan dentro de la sociedad misma (Aizpurua, Ob. Cit. p. 9).

Los conflictos determinados por la situación de dependencia política pueden ser vistos como conflictos a lo interno del grupo social dominante y conceptualizados como conflictos entre sectores dominantes que, finalmente, se resolvieron en el siguiente siglo con la emancipación de la colonia venezolana.

Los conflictos y pugnas sociales originados por la situación colonial y que podríamos catalogar en forma imprecisa de políticos, se darán, (...) entre las autoridades coloniales y el ayuntamiento, sobre todo, y entre la compañía Guipuzcoana y no siempre el ayuntamiento sino ahora a veces algunos sectores de la población productora resentidos de su actuación (Aizpurua, Ob. Cit. pp. 9-10).

Junto a estos conflictos se continuaron desarrollando las tensiones y luchas que mostraban las injusticias de una sociedad donde la norma era la explotación del trabajador. Barrios (1984), enumera de manera prolija, citando a Magallanes (1972), más de cincuenta eventos específicos que dan testimonio de las luchas y tensiones sociales vividas a finales del siglo XVII, en la época pre independentista.

Surgimiento del Estado Nacional y la guerra de emancipación

En la primera década del siglo XIX se continuaron suscitando conflictos y tensiones sociales en el territorio de la Capitanía General de Venezuela que se manifestaron en alzamientos de negros libertos, negros esclavos, pardos y, en menor grado, indígenas. Estos movimientos que pueden denominarse de los sectores sociales pobres no se conectaron entre sí y estaban dirigidos a buscar mejoras en las condiciones de vida y, en el caso de los negros esclavos, la libertad. Los mantuanos o blancos criollos también protagonizaron manifestaciones de descontento que terminaron añadiendo mayores tensiones sociales. No estaban conectadas con las manifestaciones de los sectores pobres y, buscaban cambiar las relaciones de poder en la búsqueda de mejores condiciones para el ejercicio de las labores de producción y comercio.

Con la invasión napoleónica de 1808 a territorio español, se produjo un clima de inestabilidad en el gobierno de la corona que motivó la profusión de juntas conservadoras de los derechos de Fernando VII, que llegaron hasta los confines americanos donde también se replicó ese modelo de respuesta a las acciones del ejército invasor de Napoleón Bonaparte. Los blancos criollos o mantuanos aprovecharon la circunstancia para motivar los cambios que anhelaban y, finalmente proponerse la independencia política de España.

Ya desde 1688 la monarquía, como forma de gobierno, había comenzado a perder el control y poder absoluto y a compartirlo con otras formas de gobierno, republicanos y parlamentarios. Tiene su origen en la llamada "Revolución Gloriosa" de la Inglaterra del Siglo XVII donde:

El Parlamento adoptó la Declaración de Derechos (Bill of Rights) que limitaba el poder de los monarcas y garantizaba el derecho del Parlamento a elecciones libres y a legislar. Además, el rey no podía suspender al Parlamento ni imponer impuestos o mantener un ejército sin la aprobación del mismo. También se aprobó la Ley de Tolerancia, por la cual se garantizaba la libertad de cultos (Varnagy, Ob. Cit. p. 46).

La Revolución Gloriosa marcó el triunfo definitivo del Parlamento sobre el rey, el declive de la monarquía absoluta en Inglaterra y derrotó la teoría del derecho divino a gobernar.

Esta pacífica revolución señaló el triunfo definitivo de una nueva estructura social, política y económica basada en los derechos individuales, la libre acción económica y el interés privado, creando las premisas políticas para el ulterior desarrollo del capitalismo en Inglaterra (Varnagy, Ob. Cit. p. 47).

Ahora La fuente del poder provenía de un nuevo principio político: el contrato. Citado por Varnagy (2000), acerca del contrato escribe John Locke influyente filósofo de la época, y de nuestros días, considerado el padre del liberalismo

Su poder proviene del “consenso de los gobernados”. Los hombres “laboriosos y razonables” ven la necesidad de una institución que imparta justicia y los lleve a realizar un contrato, ya que no está garantizado que todos cumplan, como hemos visto, con los preceptos de la ley natural y la razón.

  El contrato se realiza para garantizar la seguridad de la propiedad de los individuos (vida, libertad y bienes) por la inseguridad existente en el estado de naturaleza. La legitimación y la autoridad del Estado surgen (...) por la superación de la inseguridad (...) y la protección de los bienes (...) (p. 59).

La Revolución Gloriosa y los postulados de John Locke acerca del contrato, del origen del poder y la concepción del Estado, sirvieron como fuente de inspiración y formación de las ideas revolucionarios que devinieron en la independencia de Estados Unidos en 1776 y de la Revolución Francesa de 1789. Valieron de marco y de soporte ideológico para la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. También allí están los fundamentos que, junto a las tensiones sociales de finales de la primera década del siglo XIX dieron origen a las primeras formulaciones e intentos de formación del Estado Nacional Venezolano.

Con la abdicación de 1808 del rey español se produjo en la Capitanía General de Venezuela, en 1810, la conformación de un conjunto de Juntas Conservadoras de los Derechos de Fernando VII que tenían en común el reconocimiento y sujeción del Estado colonial español, pero que dejaron en evidencia desavenencias y fracturas entre las provincias del nuevo territorio nacional. Estaba (2017) citando a Leal (2013) sostiene que estas fracturas giraron:

(...) en torno a reconocer o no obediencia al Consejo de Regencia (…) instalado en España en tanto representación de la soberanía provisoria del rey o, dicho al revés, en torno a si les asistía o no el derecho a estos territorios (…) a gobernar en nombre del rey. Cada parte de esa fractura siguió un curso distinto: las que se sumaron a la ‹causa de Caracas› seguirían muy tempranamente la ruta republicana rompiendo con la forma monárquica de gobierno; las que reconocieron al Consejo de Regencia seguirían la ruta de La Constitución gaditana, esto es, participar en la revolución liberal que institucionaliza la monarquía temperada en las Cortes de Cadiz (p. 21).

Esas fracturas fueron superadas y se inició un proceso de articulación territorial que, finalmente, se convirtió en un movimiento por la independencia. La Declaración de Derechos del Pueblo, el Acta de Declaración de la Independencia de Venezuela y la Constitución Federal para los Estados de Venezuela, (Vásquez, 2012, p. 12), fueron los elementos claves de ese proceso integrador y de mutación hacia el movimiento independentista. Hacia finales de 1811, se había acordado el contrato fundacional de la República, el pacto social entre gobernados y gobernantes. Se prefiguraba el nacimiento del Estado liberal lockeano.

El contrato suscrito con la aprobación de la Constitución de 1811, establecía la conformación de un gobierno republicano conformado por tres poderes: el Poder Legislativo, conformado por una Cámara de representantes y una Cámara de senadores; un Poder Ejecutivo y; un Poder Judicial. Estableció igualmente un territorio y una comunidad donde ese gobierno ejercería el poder y; definió los conceptos de soberanía y derechos fundamentales de los ciudadanos. Sólo restaba tener la legitimidad que lo llevaría a ser considerado como Estado existente en términos reales.

La declaración de la independencia absoluta de la corona española y la aprobación de la Constitución Federal para los Estados de Venezuela trajo consigo el desarrollo de la Guerra de Independencia. El territorio entró en disputa, la legitimidad de la recién inaugurada república se ejercía con fragilidad y dependía tanto del avance de la guerra como del reconocimiento y aceptación de los sectores sociales más empobrecidos. El consenso de los "gobernados" estaba por construirse. la población tomó partido por el bando de los realistas o por el bando de los patriotas. En los primeros años de la guerra el ejército patriota no mostró:

(...) interés en apoyarse decididamente en la fuerza que representaban los sectores subalternos, constituidos por campesinos, peones, vaqueros, indígenas, jornaleros, esclavos negros. Temía que ellos, una vez armados y compenetrados con propuestas que los decidiera a emplearse a fondo en la lucha que resolviera algunas de sus necesidades más sentidas, la propiedad, la libertad y la posesión de títulos sobre la tierra, aspirarían a redistribuir la tierra, a reclamar derechos como ciudadanos y a alterar las estructuras socio económicas vigentes (Arévalo, 2014, p. 110).

La realización del Congreso de Angostura en las postrimerías de la segunda década del siglo XIX, significó un cambio de rumbo y la renuncia al esfuerzo de construcción del Estado Nacional en Venezuela. A pesar de haberse aprobado una nueva constitución, simultaneamente se aprobó la Ley Fundamental de la República de Colombia, instrumento legal con el que nacería un nuevo país del que Venezuela formaría parte como un departamento más.

La Constitución de 1819 era centralista; la República de Venezuela es "una e indivisible", organizada en diez provincias, cada una con un gobernador sin funciones militares y dependiente del presidente de la República (...) se enumeran los derechos del hombre -libertad, seguridad, prosperidad e igualdad- (...). Los ciudadanos son divididos en activos y pasivos; pasivos aquellos que no tienen parte en la formación de la ley, no ejercen la soberanía nacional ni gozan del derecho de sufragio; activos aquellos en posesión de propiedad raíz, ciencia o arte liberal-mecánica, grado militar o empleo con renta de 300 pesos por año (...). El Congreso era bicameral; la Cámara de Representantes (...) y; el Senado, (...)  elegidos la primera vez por la asamblea constituyente (...) siendo vitalicios en sus funciones. (...) El Poder Moral, quedaba regulado en el apéndice, con vocabulario y estructura llenos de reminiscencias grecolatinas (Barrios, 2015, p. 103).

En agosto de 1821, nació la República de Colombia por imperativo de la Ley Fundamental aprobada en el Congreso de Angostura y por decisión del Congreso de Cúcuta. A partir de ese momento, las repúblicas de Venezuela y la Nueva Granada dieron paso a un nuevo Estado, el Estado Colombiano. Nació en medio del debate en torno a la forma de gobierno más apropiada al nuevo Estado. Continuaba el debate entre federalistas que proponían una considerable autonomía para los departamentos de Venezuela y Nueva Granada en el seno del nuevo país: Colombia y; centralistas, que proponían un gobierno central con los más amplios poderes y capacidad para poner orden al caos y la anarquía que estaba legando la guerra. La gran discusión en torno a la adopción de un sistema federal o central de gobierno concluyó con la aceptación de la forma centralista de gobierno y de administración (Blanco, 2007, p. 74), pero el enfrentamiento no se saldó.

El nuevo Estado creó un sistema dotado de un aparato político, que le permitiera gobernar; un aparato jurídico, que le permitiera organizar a su nación, y un aparato económico, encargado de controlar y dirigir la recaudación de los impuestos y manejar el gasto público. El objeto de especificar las funciones del Estado dio lugar a la adopción de tres ramas del poder en Colombia: la ejecutiva, la legislativa y la judicial (Blanco, Ob. Cit. p. 75).

La naciente República de Colombia, creada en medio de los avatares de una guerra que se acercaba a su final estaba heredando escasez de mano de obra, paralización de actividades económicas particulares como la minería, disminución de la actividad agrícola, pecuaria y artesanal y, una marcada crisis de inestabilidad política. No obstante enrumbó sus pasos de manera decidida hacia el establecimiento y desarrollo de un Estado liberal, sobre todo en materia económica al promulgar la libre empresa, el libre comercio y la abstención del Estado en los asuntos económicos. La conducción de la actividad agrícola, la más importante actividad económica del momento, continuaba en manos de particulares y orientando su apertura hacia mercados externos, especialmente hacia Inglaterra.

La aprobación de la Constitución Boliviana, en 1826, potenció el desarrollo de desavenencias y contradicciones entre federalistas y centralistas. Se reanimó con mayor fuerza los enfrentamientos y aparecieron eventos políticos que aceleraron la transformación de la República de Colombia en varias repúblicas independientes. El atentado presidencial de septiembre de 1828; el fusilamiento de algunos dirigentes políticos acusados de conspiración y el destierro de otros; la frustración de la Convención de Ocaña, convocada para buscar una salida política y reformar la Constitución; el movimiento de la Cosiata que promovía la separación de Venezuela; fueron, entre otros, eventos que condujeron a la extinción de la República de Colombia en su forma de Gran Colombia.

La separación de Venezuela de la Gran Colombia, fue el resultado de la existencia

(...) de dos visiones del Estado y de la organización de los poderes públicos enfrentadas políticamente. Bolívar, por una parte, defendiendo su visión de los poderes públicos, y los separatistas venezolanos, por la otra, queriendo hacer un Estado liberal; estos últimos reivindicarán para sí mismos las más caras ideas del liberalismo. Las ideas políticas de Simón Bolívar más rechazadas por los separatistas venezolanos fueron sus críticas al federalismo y el apoyo al estado unitario, la visión del Poder Ejecutivo, la idea de la presidencia vitalicia, su visión del Poder Legislativo, del senado hereditario y el poder moral, entre otras (Plaza, 2002, p. 68).

En este sentido, Septiembre de 1830 marca la fecha en que se aprueba la nueva Constitución, luego de declarar la separación de la Gran Colombia. Se establece un acuerdo entre federalistas y centralistas venezolanos que hace posible la gobernabilidad del territorio y el avance en el proceso de construcción del Estado. Se adoptó una estructura mixta.

El Estado era definido como unitario y las provincias en las cuales se dividía el territorio disfrutaban de amplia autonomía y disponían de una Asamblea Provincial que participaba en la designación de los gobernadores de provincia, quienes, significaban el equilibrio entre federalismo y centralismo. Los gobernadores provinciales dependían del poder ejecutivo central. Las Provincias se dividieron en cantones y parroquias. En cada cantón la autoridad gubernativa y económica recayó en los jefes políticos, que eran designados por el Gobernador. Los jefes políticos presidían los concejos municipales. Estos concejos estaban integrados por alcaldes y concejales nombrados para tal función por las asambleas provinciales.

El sistema electoral que se estableció en la Constitución de 1830 continuaba reservando el ejercicio de la soberanía a través del sufragio a los ciudadanos activos. Los ciudadanos pasivos, los que no tenían formación educativa, grados militares ni significativas rentas anuales continuaron estando al margen del ejercicio de la soberanía, por tanto excluidos de la integración y ejercicio del gobierno.

Se estableció un sistema de separación de poderes. El poder legislativo estaba integrado por dos cámaras: la Cámara de Representantes y la Cámara de Senadores; la Cámara de Senadores se integraba con dos senadores de cada una de las provincias que existieran en Venezuela. El poder ejecutivo se ejercía con arreglo al sistema presidencial, bajo la responsabilidad del Presidente de la República, quien no podía ser reelecto de manera inmediata y que contaba con un vicepresidente. El poder judicial, que estaba regido por la Corte Suprema y demás Tribunales de la República.

El pacto que se habían dado los ciudadanos activos, vale decir las oligarquías, en la Constitución de 1830, tanto centralistas como federalistas buscaban:

(...) un Estado ubicado en el territorio de la antigua Capitanía General de Venezuela, con un orden público estable y permanente, expresado en el texto constitucional; con una ciudadanía entendida en tanto individuos políticamente responsables, garantes de su propio orden y económicamente autosuficientes, capaces de contribuir con el pago de sus impuestos al sostenimiento del Estado; libres e iguales ante la ley y sometidos al imperio del derecho. Una sociedad con instituciones nuevas, con libertad de cultos, libertad económica y con un conjunto de valores éticos seculares transmitidos a través de una educación pública y secular (...). Con un gobierno republicano, popular, representativo, responsable y alternativo, para el cual el arte de gobernar debía ser entendido como el acto de legislar. El resultado de todo ello sería el progreso y la civilización (Plaza, 2002, p. 73).

El consenso de los sectores gobernantes en pugna, centralistas y federalistas, fueran estos militares, comerciantes, esclavistas, terratenientes, clérigos y sacerdotes, alrededor de un pacto en el que satisfacían sus intereses y, la contemplación pasiva de los ciudadanos sin derecho a la soberanía, permitió el inicio cierto de un camino a la estabilidad que estaba reclamando el país luego que la guerra diezmara su economía. Efectivamente, en los años siguientes que marcan el período.

Entre 1830 y 1847 se implementaron políticas económicas liberales que buscaron sentar un conjunto de reglas dirigidas a estimular la inversión privada y el crecimiento con una intervención moderada del Estado, el cual se limitó a legislar con el fin de crear las condiciones necesarias para generar riqueza (Plaza, 2008, p. 180).

A partir de 1830, existió en Venezuela un conjunto de instituciones políticas de actividad continuada con disposición y capacidad demostrada para ejercer y sostener el monopolio de la violencia legítima para mantener el orden público en un territorio bien definido y con el consenso de todos los habitantes de ese territorio. Había nacido el Estado venezolano y, sólo le restaba consolidarse y mantenerse en el tiempo, como ha ocurrido.

Referencias

Aizpurua, R. (1981). El siglo XVIII en la "Venezuela Colonial": La Venezuela colonial y su crisis. Boletín Americanista. Universidad Central de Venezuela. [Documento en línea].  Disponible: https://r.issu.edu.do/l?l=12090GHu

Arévalo, I. (2014). La concepción socio-política y económica de Bolívar en la primera etapa de la guerra por la independencia de la Nueva Granada, 1810-1816. Papel político. 19(1) 103-119.  [Documento en línea].  Disponible: https://r.issu.edu.do/l?l=12092svl

Barrios, G. (1984). Venezuela: Cambio social y modernización política. [Memoria para optar al grado de Doctor, Universidad Complutense de Madrid]. [Documento en línea].  Disponible: https://r.issu.edu.do/l?l=12093mcJ

Berbesí de S., L. (2010). Venezuela, 1810 - 1830: independencia y conflictividad. Instituto de Estudios latinoamericanos, Universidad de Alcalá. [Documento en línea].  Disponible: https://r.issu.edu.do/l?l=12094656

Blanco, J. (2007). De la Gran Colombia a la Nueva Granada, contexto histórico - político de la transición constitucional. Prolegómenos. Derechos y valores. X(20) 71-87. [Documento en línea].  Disponible: https://r.issu.edu.do/l?l=12095X4u

Bolívar, S. (2019). Discurso pronunciado por Simón Bolívar ante el Congreso de Venezuela en Angostura, 15 de febrero de 1819. Co-Herencia, Universidad EAFIT. 16(31) 375 - 393. DOI: 10.17230/co-herencia.16.31.13

Comisión Económica Para América Latina (CEPAL). (2014). Los pueblos indígenas en América Latina. Impreso en Naciones Unidas.

Dussel, E. (1966). La pre-historia latinoamericana en la historia universal. En Hipótesis para el estudio de Latinoamérica en la historia universal: (investigación del mundo donde se constituyen y evolucionan las weltanschauungen). [Documento en línea].  Disponible: https://r.issu.edu.do/l?l=12096crX

Dussel, E. (1967). Época colonial de América Latina: (una nueva cristiandad: siglos XVI - XVIII). En Hipótesis para una historia de la iglesia en América Latina. Editorial Estela. 37 – 87. [Documento en línea].  Disponible:  https://r.issu.edu.do/l?l=12097KAE

Engels, F. (2017). El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. [Archivo PDF] [Documento en línea].  Disponible:  https://r.issu.edu.do/l?l=12098YSq

Espinoza, R. (2015). Cartografía de la ciudad latinoamericana: fundación del orden colonial. Ideas y Valores. LXIV(157) 7 - 36. [Documento en línea].  Disponible: https://r.issu.edu.do/l?l=12099azX

Estaba, R. (2017). Venezuela (1810-1811): de la desarticulación territorial pro-monárquica a la república confederada. Revista Geográfica Venezolana. Universidad de Los Andes. 58(2) 432 - 463.

Gordon, V. (1996). Los orígenes de la civilización. Fondo de Cultura Económica.

Guerra, S. (1997). Etapas y procesos en la historia de América Latina. Instituto de Investigaciones Histórico - Sociales. Universidad Veracruzana. [Documento en línea].  Disponible: https://r.issu.edu.do/l?l=12100GMn

Oviedo y Baños, J. (2004). Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela. Fundación Biblioteca Ayacucho.

Pacheco, D. y Pérez, L. (2009). Tentativas de formación del Estado Venezolano entre 1810 y 1899. ARJÉ, Revista de postgrado, FACE-UC. 3(4) 89-108. [Documento en línea].  Disponible: https://r.issu.edu.do/l?l=12101udJ

Pacheco, D. y Pérez, L. (2010). Utopía de la Venezuela colonial. Origen del Estado-País. Una reflexión historiográfica. Revista Mañongo. Universidad de Los Andes. XVIII(34) 181-200. [Documento en línea].  Disponible: https://r.issu.edu.do/l?l=12102UM2

Parra, C. (2011). Historia de la primera República de Venezuela. Fundación Biblioteca Ayacucho.

Pereira, J. (2002). La política colonial española: administración central y estatuto jurídico-político de las Antillas (1810-1898). [Memoria para optar al grado de Doctor, Universidad Complutense de Madrid]. [Documento en línea].  Disponible: https://r.issu.edu.do/l?l=12103mS3

Plaza, E. (2002). El "Patriotismo ilustrado", o la organización de los poderes públicos en Venezuela, 1830-1847. Revista Politeia. Instituto de Estudios Políticos, Universidad Central de Venezuela. (29) 63-82. [Documento en línea].  Disponible: https://r.issu.edu.do/l?l=12104pQQ

Plaza, E. (2008). Para que esto sea república y nosotros ciudadanos (1830-1847). Politeia. Universidad Central de Venezuela. 31(41) 102-114. [Documento en línea].  Disponible:  https://r.issu.edu.do/l?l=12106rb6

República de Colombia. (s/f). Constitución Política de la República de Colombia de 1821. [Archivo PDF] [Documento en línea].  Disponible: https://r.issu.edu.do/l?l=121057WT

Serrera, R. (2009). El modelo de organización y administración del espacio colonial en el nuevo mundo. Fundación Corporación Tecnológica de Andalucía.

Stavenhagen, R. (2010). Los pueblos originarios: el debate necesario. CTA Ediciones / CLACSO. [Documento en línea].  Disponible:  https://r.issu.edu.do/l?l=12107SI7

Tovar, H. (1968). El modo de producción precolombino. [Archivo PDF] [Documento en línea].  Disponible: https://r.issu.edu.do/l?l=121087qi

Varnagy, T. (2000). El pensamiento político de John Locke y el surgimiento del liberalismo. En La filosofía política moderna. De Hobbes a Marx. (pp. 41 - 76). Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO. [Documento en línea].  Disponible:  https://r.issu.edu.do/l?l=12109dVW

Vásquez, B. (2012). Textos doctrinarios en la Constitución Federal para los Estados de Venezuela (1811). Historia Caribe. Universidad del Atlántico. VII(20) 11-37. [Documento en línea].  Disponible: https://r.issu.edu.do/l?l=121108jp

Weber, M. (2002). Economía y sociedad. Fondo de Cultura Económica.